Carnavales en Brasil, más allá de la majestuosidad de la fiesta en Río

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Fotografía tomada el pasado 12 de febrero en la que se registró el desfile de muñecos durante el carnaval, en Olinda (Brasil). EFE

Río de Janeiro – El carnaval en Brasil es fiesta, música y color; rumba y algarabía que invitan al exceso, a bailar y a cantar sin descanso, y que se vive en diferentes regiones del país con espectáculos únicos que nada tienen que envidiarle al de Río de Janeiro, conocido internacionalmente por su majestuosidad.

Además del Carnaval de Río son muy populares los de Salvador, Recife, Olinda, Florianópolis y Sao Paulo, cada uno con sus propias particularidades pero siempre con la samba a la batuta y exaltando la riqueza que ofrece el «país tropical».

El carnaval -caracterizado por las máscaras, los disfraces, la música, el color y los excesos- es una celebración profana que da la bienvenida a las privaciones religiosas que comienzan con el miércoles de ceniza.

En Brasil se compone de diversos elementos y se manifiesta de distintas maneras en cada una de las regiones donde es celebrado, y aunque la samba siempre está presente, no siempre es el ritmo predominante.

El carnaval de Salvador, la capital del nordestino estado de Bahía, simboliza el revivir de la cultura «yoruba», grupo etno-lingüístico del oeste africano que llegó a Brasil de la mano con la esclavitud durante la época de la conquista.

La mística y la tradición de esa cultura se reflejan en las comparsas callejeras, conocidas como «blocos», que recorren la ciudad detrás de grupos musicales que van sobre unos enormes camiones acondicionados con luces y sonido denominados «tríos eléctricos».

Los ritmos que acompañan los festejos son variados pero sobresale el «axé», que mezcla armonías africanas con melodías del nordeste de Brasil y del Caribe, con un toque de pop-rock.

Este carnaval se vive en las calles, a diferencia de los de Río o Sao Paulo, donde los principales desfiles se realizan en el Sambódromo.

También en el nordeste se celebra el Carnaval de Recife, fiesta que destaca las tradiciones del estado de Pernambuco, del que Recife es capital.

Su principal protagonista es el «Galo da Madrugada», considerado el mayor bloco carnavalesco del mundo, encargado del desfile de apertura de la fiesta, que comienza el sábado antes de la cuaresma y se extiende por tres días más.

Al igual que en Salvador, este carnaval se vive en las calles con los tríos eléctricos, ejes de la celebración, donde el Frevo, un ritmo inspirado en la capoeira, una expresión cultural brasileña que mezcla arte marcial, deporte, cultura popular, danza y música, es el ritmo más escuchado.

Vecino al de Recife, a tan solo unos 10 kilómetros, se celebra el carnaval de Olinda, uno de los más tradicionales de Brasil y cuyo símbolo más emblemático son unos muñecos gigantes, de más de 2 metros de altura, que año tras año representan a políticos, artistas, músicos y personalidades de Brasil y el mundo entero.

En Olinda, una joya arquitectónica considerada Patrimonio Histórico y Cultural por la Unesco, el carnaval es inaugurado en la madrugada del sábado por «El hombre de media noche».

Cada año reúne a más de un millón de personas que se mezclan con los muñecos gigantes y que desfilan con los blocos por sus coloniales calles al ritmo del Frevo, la Samba y el Forró, un ritmo tradicional de las fiestas populares del nordeste brasileño.

Otros carnavales populares en Brasil son el de Florianópolis y el de Sao Paulo, en los cuales los actos centrales se celebran, como en Río de Janeiro, con desfiles de las escuelas de samba por pasarelas que fueron construidas especialmente para las fiestas.

En Florianápolis, capital del sureño estado de Santa Catarina y conocida por sus hermosas playas, los desfiles se hacen por la pasarela de la samba «Nego Quirido».

En Sao Paulo, capital del estado que lleva el mismo nombre y que es la ciudad más industrializada y poblada de Brasil, los desfiles tiene lugar en el sambódromo de Anhembi.

Las comparsas carnavalescas, donde la gente puede cantar y bailar sin descanso por las calles de estas ciudades, también hacen parte de sus celebraciones.

De estos dos carnavales, el de Florianápolis, conocido también como el «Carnaval de la magia», tiene dos atracciones más: el bloco de los «sujos», en el que los hombres se disfrazan de mujeres y viceversa, y el concurso de disfraces «Pop Gay» que cada año gana más adeptos.

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