Crónicas de una madre migrante y el dolor del desarraigo

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Tegucigalpa – Yo no estaba trabajando, estaba algo desesperada porque no sabía cómo enfrentar mis propios problemas, pero de un día para otro decidí venirme a Estados Unidos (EEUU), no fue fácil porque mi esposo me pedía que le dejara al menor de mis hijos, relató Evelin Álvarez como llamaremos a esta mujer quien conversó tendidamente conProceso Digital.

Evelin, nos contó como viajó a los Estados Unidos y las peripecias de la travesía durante la cual se quedó en carros del lujo, en hoteles seguros y sus hijos siempre estuvieron con ella y a salvo, pero la llegada a Estados Unidos no fue fácil, sin embargo, sostuvo, “no queda más que seguir pese a todo, porque hay momentos en que uno se quiere regresar”.

Un préstamo de miles de dólares

Su éxodo, vía terrestre, rumbo a los Estados Unidos, duró al menos 12 días, desde que salió de Talanga, en el central departamento de Francisco Morazán, con rumbo a San Pedro Sula, norte de Honduras, junto a sus dos hijos -de 6 y 2 años- donde se encontraría con el coyote que ayudaría a cruzar varias fronteras en su afán de llegar al país del norte.

Su testimonio muestra el dolor del desarraigo que solo es movido por la necesidad. Su suerte no es la que corren la mayoría de los que emigran sin documentos, tampoco sus escenarios son tan benévolos, en la travesía muchos pagan con sus vidas o las de sus hijos. Migrar sin visa siempre será una decisión no recomendada. A manera de cronología de su viaje esto fue lo que relató Evelin Álvarez :

Yo no me veo en el futuro sin ellos, y creo que sin ellos no me habría movido del país”, externó.

Nueve mil 600 dólares, unos 240 mil lempiras, es el dinero que esta madre hondureña, consiguió prestados para emprender su éxodo en busca del sueño americano, sin saber si su inversión valdría o no la pena.

Al mayor, le tuve que decir que íbamos en una excursión a conocer varios países, así me lo traje, porque él está más grandecito y hacia muchas preguntas, al pequeño pues dependía del trato que le diera en el camino para que no se inquietara, pues es un viaje largo y ellos no estaban acostumbrados.

Trato lleno de incertidumbre

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San Pedro Sula, fue la primera estación, ahí se encontró con las personas – coyotes (como se les llama a los traficantes de personas) – que le llevarían desde Honduras a Estados Unidos, a quienes contactó por medio de amigos “me dijeron que ellos eran muy buenos y que la entrada estaba garantizada, ellos ya han llevado gente para allá” me aseguraron.

Diez días de camino y dos de espera, tardaron esta madre hondureña y sus hijos, para cruzar las fronteras de Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos, “la verdad es que fue un viaje muy seguro y no era nada como me lo habían contado, todo estaba muy organizado, sin embargo, siempre hay miedo porque no sabes que puede pasar al día siguiente”.

El pacto con los “coyotes” es que si vos te vas a entregar a migración entonces pagas 3 mil 200 dólares, esto se hace si vas acompañada de menores y si no, entonces son 7 mil 200 dólares.

“Jamás tuve la idea ni siquiera de irme del país, porque yo tengo dos hijos y no me veía en Estados Unidos, sin ellos, la única forma que podía irme de Honduras era con ellos y al final pues encontré los medios”, comentó.

Un viaje muy organizado

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La idea es que más adelante él esposo se venga, esos son los planes, la verdad es que todo fue hablado; cuando le comenté a mi mamá, pues a ella no le fue nada indiferente la idea, entonces decidí salir de mi pueblo –Talanga-.

En un sector de San Pedro Sula, hicimos el intercambio, recuerdo que fue algo muy rápido – ellos no se detienen por mucho tiempo en los lugares donde recogen personas, porque las justicia los persigue y; un mínimo error que cometan podría ser detenidos por las autoridades.

“Yo viajaba con un grupo de 18 personas, pero en un determinado lugar nos dividieron en pequeños grupitos de tres o cuatro, pero ya estando en Guatemala, nos volvimos encontrar en una casa con las personas que habíamos salido de Honduras.

En la frontera, las personas adultas hacen su trámite normal y pasan, pero las que llevamos niños si tenemos que cruzar por otro lado, lo más que tardamos para pasar a Guatemala fue entre 15 a 20 minutos, muy rápido la verdad.

El cruce de la frontera

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A ellos se les conoce como guías, y lo que tratan de hacer es que los niños no escuchen ni vean algunas cosas que se van dando en el camino, porque a veces hay gente que les hace preguntas y sus respuestas pueden ser poco convenientes para ellos.

Llegamos en la madrugada a Guatemala y sin descasar, salimos con destino a México, desde que uno aborda los carros no hacen paradas en ningún lugar, a menos que haya un retén militar, pero al quitarse los militares se continúa con normalidad, ellos tienen muy buenos informantes.

En Guatemala no hubo ni el más mínimo error para cruzar a México, las personas que nos llevan tienen sus contactos; hacemos una corta espera no más de 20 minutos, por medio de una llamada telefónica se nos avisa que ya los militares se quitaron y la vía está libre, aquí también era de noche cuando cruzamos.

Cruzamos más de 50 personas

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De lugares no me acuerdo porque no estábamos tanto tiempo en uno solo sitio, pero ya cuando llegamos a Ciudad Juárez, ya éramos un grupo más grande de 50 personas, entre niños y mujeres y hombres; a los que íbamos con niños nos daban frutas, pañales y todo lo que necesitábamos, la verdad que nunca nos faltó nada.

Parece mentira, pero para mí fue más difícil cruzar las fronteras de Honduras y Guatemala, que la de Estados Unidos, en Ciudad Juárez, hay una parte del muro que aún no se ha terminado, cruzamos un río que no era nada riesgoso, yo estaba muy sorprendida porque me dijeron que ya estaba en el otro lado, fue algo muy sencillo.

Empezamos a caminar en territorio estadounidense, de manera de encontrar a los agentes de migración y entregarnos, esto para los que llevamos niños, en ese momento el grupo se divide porque la gente que no lleva menores, entonces se va por otra ruta, distinta a la de nosotros, pero éramos muchos más lo que nos entregaríamos.

La entrega a migración en EEUU

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Los agentes de migración nos interceptan, se identifican y proceden a solicitar la documentación, hay ocasiones en que la autoridad no retiene a nadie, pero cuando te ven con niños si, te montan a sus vehículos y quedas en custodia de ellos, en las instalaciones hay grandes filas de personas esperando ser atendidas.

Tres días estuvimos ahí, sin saber qué es lo que pasaría con nosotros, yo estaba por rendirme, casi les pedía a ellos que me regresaran al país, porque no estábamos nada cómodos y sin una respuesta, pero también pensaba que había llegado largo como para no hacer valer tanto esfuerzo.

Luego ellos piden la documentación a las personas adultas y también la de los niños, y quienes no andan la documentación, pues inmediatamente los regresaban, pero a los demás los pasan a una zona, donde hace mucho frío y pues se tiene que quedar con sus hijos, este es el momento en que todo el mundo llora.

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Cuando ya tenía tres días de estar en migración, a eso de las 2:00 de la mañana me llamaron por mi nombre, para pedirme los datos de las personas a donde me dirigía, tras el proceso de identificación, llaman a tu familiar para verificar si efectivamente tienes donde ir y si ellos no contestan la llamada, entonces automáticamente te regresan a tu país.

No es buena la alimentación en los establecimientos de migración, uno de mis hijos se enfermó porque le asentó mal la comida, luego pasamos a una casa hogar y el trato es un poco mejor porque ellos se dedican a ayudarle y a orientarle.

Ya estoy en proceso en la corte, fui a la primera cita y todo marcha bien, con un poco de fortuna porque no me han regresado, espero un día poder regresar a mi país, porque verdaderamente aquí estamos por necesidad, pero esperemos que todo salga bien y poder normalizar nuestra situación.

No era lo que yo quería, pero creo que acá tendremos mejores oportunidades yo quisiera que mi familia se viniera para acá, pero ahora lo que viene es trabajar para pagar el dinero que prestaron”, concluyó.

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