Czerny, el nuevo cardenal con la cruz de madera de una barca de migrantes

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Ciudad del Vaticano.- Cuando mañana el papa Francisco imponga la birreta y el anillo cardenalicio a 13 cardenales, el jesuita Micahel Czerny no llevará la habitual cruz de oro sino una realizada con la madera de una barca de migrantes que llegó a la isla italiana de Lampedusa, porque ocuparse de ellos es «su misión».

Czerny, nacido en la actual República Checa pero que creció en Canadá, de 73 años, va a ser reconocido como cardenal sin haber sido ni siquiera obispo, lo que es sin duda un premio y una gran confianza por parte de Francisco.

Se convertirá en el cardenal de los migrantes, pues desde diciembre de 2017 fue nombrado subsecretario de la sección de Migrantes y Refugiados del dicasterio para Promover Desarrollo Humano Integral, una especie de «ministerio» vaticano.

Aunque el responsable de la sección de Migrantes y Refugiados es directamente el papa, Czerny es la figura principal de este «ministerio» y su misión es la de «ayudar a la Iglesia a enfrentar a los desafíos de la movilidad humana, sobre todo a los desafíos de los más vulnerables», asegura en una entrevista a EFE.

«Estamos intentando ayudar a los obispos, a las personas cercanas a la Iglesia, a los no cristianos a dar una respuesta a la migración, y esta respuesta es muy sencilla, ya la ha dado el papa Francisco: acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y especialmente los más vulnerables», explica.

En su sección se ha colgado un chaleco salvavidas naranja que le donó el papa para que recuerde cada día cuál es su misión.

«Uno de los buenos y proféticos socorristas que están intentando socorrer a personas en el Mediterráneo estaba intentado rescatar a una niña con este chaleco en las manos, pero la niña desapareció, y así se lo contó al papa cuando se lo dio», explicó.

«Era el momento en el que comenzábamos y el papa nos entregó el chaleco y nos dijo: ‘Esta es nuestra misión'», añadió.

El socorrista era Oscar Camps, fundador de la ONG española Open Arms, que entregó este chaleco a Francisco durante una audiencia y le contó que era para una niña que no pudo salvar en el Egeo.

Ahora que será cardenal, este jesuita asegura que lo único que siente «es el peso» de este cargo y saber que le ayudará a «intensificar la misión que hasta ahora ha intentado hacer».

Sobre si la Iglesia, sobre todo en Europa, podría hacer más por los migrantes, Czerny subraya que «se está haciendo ya más» y que «las noticias que hacen más ruido son las que se publican, pero hay muchísimos ejemplos (de ayuda) que no se conocen en parroquias, escuelas, movimientos».

«En nuestra sección nos anima la creatividad, el empeño y la generosidad que vemos. Estamos tratando de hacer más de lo que ya está en marcha», apunta.

A Czerny, que conoce muy bien el español al haber sido director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» (IDHUCA) en El Salvador durante 1990-1991, le pilló el anuncio en la Escuela Nacional Florestan Fernandes, en Guararema, cerca de Sao Paulo, una escuela del movimiento obrero sin tierra.

Poco después, recuerda, le contaron que la noticia de su nombramiento llegó incluso al Mare Jonio, un barco de rescate que entonces estaba bloqueado por el Gobierno de Italia cerca de Lampedusa, y tanto la tripulación como los migrantes a bordo acogieron esta noticia con alegría.

«Dijeron que esa era como una caricia de Dios, una caricia del papa Francisco», explicó a los medios vaticanos tras ser nombrado.

Otra señal de su trabajo es la impresionante escultura de bronce inaugurada el pasado domingo por el papa Francisco que representa a un grupo de migrantes y refugiados de diferentes partes del mundo y épocas, y que permanecerá en la Plaza de San Pedro del Vaticano en memoria de estas personas. 

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