El impacto del cambio climático sigue disparándose y la ONU exige actuar

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Fotografía cedida por la ONU donde aparece el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, mientras habla junto a la presidenta del septuagésimo tercer período de sesiones de la Asamblea General, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, y el secretario general, António Guterres, durante una conferencia de prensa sobre el lanzamiento de la declaración de la OMM sobre el estado del clima mundial 2018 hoy, jueves 28 de marzo de 2019, en la sede del organismo en Nueva York (EE.UU.). EFE/Mark Garten/ONU

Naciones Unidas – El impacto del cambio climático siguió disparándose en 2018, con nuevos aumentos de las temperaturas y con claras consecuencias para ciudadanos de todo el mundo, según un informe presentado este jueves por la ONU, que insistió en que el mundo debe reaccionar de manera inmediata.

El documento, la versión final de la Declaración sobre el estado del clima que cada año elabora la Organización Meteorológica Mundial (OMM), vuelve a dibujar un panorama muy preocupante en todo lo referente al calentamiento global.

El pasado año registró la cuarta temperatura media mundial más elevada desde que existen datos, pero fue el más cálido de todos aquellos en los que se dio el fenómeno de La Niña, marcado por temperaturas más reducidas en el Pacífico.

Según la OMM, esa situación apunta a que la tendencia al calentamiento del planeta continúa sin detenerse.

Otros indicadores climáticos, como el calor oceánico, alcanzaron el pasado año nuevos máximos, rebasando el récord establecido en 2017.

Según la OMM, el contenido calorífico de los mares ofrece una medición directa de la acumulación de energía en las capas superiores del océano, donde acaba más del 90 % de la energía atrapada por los gases de efecto invernadero.

También siguió subiendo el nivel del mar, que en 2018 tuvo un nivel medio a escala mundial aproximadamente 3,7 milímetros más alto que en 2017, un nuevo récord, como consecuencia del retroceso de los mantos de hielo.

El problema más acuciante, según la OMM, es el continuado aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, que se espera sigan ascendiendo en 2019.

Pese a los compromisos para tratar de reducir esas emisiones, el pasado año éstas subieron en todas las regiones del mundo con la excepción de Europa.

«El cambio climático está avanzando más rápido que nuestros esfuerzos para responder a él», recalcó en una conferencia de prensa el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.

El portugués, que ha convocado a los jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo a una cumbre sobre el clima en septiembre, quiere que los Gobiernos aumenten su ambición y ofrezcan medidas «concretas y realistas» para un futuro sostenible, en línea con los compromisos pactados en el Acuerdo de París.

«Les estoy diciendo a los líderes: ‘no vengan con discursos, vengan con un plan'», explicó Guterres.

El informe de la OMM, que habitualmente se presenta en Ginebra, se dio a conocer este año en Nueva York aprovechando una reunión sobre cambio climático que están manteniendo los países en la Asamblea General de la ONU.

La presidenta de este órgano, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, destacó que los datos del estudio son «muy preocupantes» y que es necesario «actuar y actuar ahora».

El informe de la OMM documenta entre otras cosas un aumento del número y la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, como los duros tifones que golpearon el pasado año a varios países asiáticos, la ola de calor vivida en Europa o las devastadoras tormentas que se registraron en Estados Unidos.

El país, que bajo la administración de Donald Trump ha abandonado el Acuerdo de París, sufrió en 2018 catorce desastres que dejaron daños por valor de cerca de 50.000 millones de dólares, incluidos los huracanes Florence y Michael.

La tendencia ha continuado en estos primeros meses de 2019, con el ciclón Idai -que asoló Mozambique, Zimbabue y Malaui- como máximo exponente y como ilustración de la necesidad de que todos los países se preparen para responder a este tipo de catástrofes.

El aumento de estos fenómenos extremos está aumentando los riesgos en el ámbito de la seguridad alimentaria, afectando la salud de muchas personas y disparando los movimientos de población, según la ONU.

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