El largo camino del migrante mexicano que terminó la universidad con 58 años

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Fotografía cedida por María Ibarra donde aparece su esposo, el mexicano Adolfo González (dcha), mientras posa junto a Christine Fernández en la Universidad Estatal de California Monterey Bay, California (EE.UU.). EFE/María Ibarra

Los Ángeles (EE.UU.) – En el trabajo duro en los campos de California (EE.UU.), el mexicano Adolfo González supo que la educación era el camino para lograr su «sueño americano» y a los 58 años se acaba de graduar de la universidad con honores, por lo que espera que su ejemplo sirva de inspiración.

El 18 de mayo último, el migrante de Oaxaca obtuvo su licenciatura en Español con un trabajo de grado sobre la pérdida de este idioma entre los hispanos de tercera y cuarta generación de inmigrantes.

Fue una tesis de grado de la Universidad Estatal de California Monterey Bay (CSUMB), que desarrolló conjuntamente con su compañera de estudios Joselin Zavala.

Sin embargo, tiempo atrás, cuando González pasaba frente al Colegio Comunitario Hartnell de Salinas, en el norte de California, le decía a su hija: «Tú vas a terminar lo que yo empecé».

El hombre se refería a los estudios que debió postergar para sacar adelante a su familia.

«En 2015, mi hija Marie me dijo: ‘No desperdicies tu talento, regresa a la escuela, y entre ella y mi esposa prácticamente me inscribieron para continuar en Hartnell», narró a Efe el inmigrante.

Nacido en San Andrés Yaa, un caserío de Oxaca donde se habla la lengua zapoteca, González estudió en su localidad hasta segundo grado. Luego se fue como interno a una pequeña ciudad y finalmente logró terminar la primaria.

Sin más las posibilidades de seguir estudiando, trabajó en el campo hasta los 17 años, cuando logró una beca en la ciudad de Oaxaca para terminar la secundaria.

«Nos graduamos como promotores indígenas y teníamos que regresar a nuestras comunidades para enseñar el español junto con el cultivo de la tierra», recuerda González.

No obstante, un par de años más tarde volvió a la capital para completar dos años de preparatoria, pero no pudo continuar debido a la muerte de su padre.

«No completé ni el año, porque por esa fecha se murió mi papá por alcoholismo y me tocó hacerme cargo de mi mamá, de mi hermana y de mi hermano», anotó.

Siempre soñando con algo mejor, en 1986, a los 27 años, González decidió emigrar a los Estados Unidos, «al ver que a mis paisanos les iba bien», afirma.

En Tijuana, él y cuatro compañeros pagaron 100 dólares a un traficante de personas para «pegar el brinco» de la frontera y este los llevara a Oceanside, en California.

Allí, primeramente encontró trabajo en el cultivo de las fresas. «La sorpresa que me llevé. A pesar de ser del campo, me cayó muy duro esa tarea», recuerda mientras relata cómo vivían a orillas de los cultivos, en casas de tabla, y se bañaban con agua de regadíos.

Con otro amigo, González se marchó a trabajar en la recolección de lechuga en Salinas, algo «menos pesado que la fresa», y luego pasó a la «pizca (recolección) de apio, en la que pagaban el doble».

«Allí es donde empieza mi verdadera carrera en los campos de cultivo», afirma González al dejar «enmarcados» 18 años en ese trabajo.

En los tiempos en que el trabajo agrícola lo permitía, el mexicano asistía a la Escuela de Adultos de Salinas para aprender inglés. De allí se graduó, en 2003, y obtuvo su diploma de secundaria.

«Sin embargo», explica, «los profesores me dijeron: ‘Esto no termina aquí’, y me sugirieron matricular en el Hartnell College».

Fue en esta preparatoria de la Universidad donde el oaxaqueño estudió dos semestres, pero tuvo que retirarse pues ya estaba casado y tenía sus dos hijas.

María Ibarra, la mujer con quien González se casó, le abrió las puertas para obtener su residencia permanente en Estados Unidos.

«Cuando mi esposa me lo planteó, le dije: ‘yo no me quiero casar por papeles, sino por amor’, pero ella me dijo que ambas cosas eran importantes», relata.

Luego vino la ciudadanía estadounidense «y todo cambió; entre otras cosas porque pude ir a ver a mi madre».

Pero la obligación de sostener la familia impidió a González continuar estudios en el Colegio Comunitario hasta que, hace cuatro años, su esposa y su hija mayor lo ayudaron a regresar a las aulas.

«Durante años trabajé como conductor, repartiendo verduras a muchos negocios, y en eso me había ayudado el inglés que aprendí en la escuela de adultos», comenta.

En un término de dos años, el mexicano se graduó con honores y obtuvo el título de Asociado en Español, pero su consejero le recomendó continuar altos estudios en la CSUMB.

A principios de 2018, González dejó su trabajo como conductor para estudiar en la universidad.

Además de su licenciatura en Español, por su «extraordinaria labor de ayuda social en la Escuela de Adultos de Salinas» González también recibió el galardón Aprendizaje de Servicio, de CSUMB.

Su próxima meta, programada para el mes entrante según dijo, es aprobar el CBest, un examen para trabajar como maestro en California.

«Este país nos brinda muchas oportunidades y no podemos dejar que nuestras dudas o, a veces, la baja autoestima, no derroten», afirma el mexicano.

González igualmente envía un mensaje a todos sus paisanos: «La capacidad de cambiar nuestras vidas está en nosotros», asegura.

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