El que odia está muerto, señala cardenal Rodríguez en homilía dominical

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Tegucigalpa – El cardenal Óscar Andrés Rodríguez, criticó este domingo durante la homilía celebrada en la catedral San Miguel Arcángel de Tegucigalpa, la cultura de egoísmo, de codicia, de orgullo y soberbia al tiempo que señaló que quien odia está muerto.

-El purpurado también recriminó que Honduras se está construyendo en la mentira, no en la verdad.

Durante la misa del quinto domingo de pascua, Rodríguez pidió cumplir el mandamiento nuevo que reza que nos amemos todos como Jesús nos amó, lo que debe manifestarse en el servicio, en la misericordia, en el perdón, en la ayuda mutua y en la caridad.

Enfatizó en que hoy se necesita una iglesia en salida, que vaya a las periferias existenciales, a los pobres, a los hambrientos, a los enfermos, a los heridos por la vida, a los que viven desorientados sin encontrar sentido a su vida.

Apuntó que todos queremos vivir una vida plena, “la vida plena que no está con las cosas ni con lo que se roban pensando que con eso van a ser felices, ahí quedan los autos, las mansiones, el dinero, ahí se queda, lo único que da sentido a la vida es el que puede amar y puede servir”.

El prelado refirió que vamos avanzando en el tiempo pascual y ya estamos en el quinto domingo y los frutos de la pascua tienen que ver, así como al terminar la cuaresma nos sentíamos preparados con la oración, el ayuno y la limosna para celebrar la resurrección de Jesús.

Acotó que la fuerza del resucitado sigue infundiéndose en la fe de los cristianos y por consiguiente nos toca hacer una evaluación espiritual sobre qué frutos da la pascua en mi vida personal.

Recordó que a lo largo de estos días se ha venido leyendo el Apocalipsis, un libro desconocido de la palabra de Dios, un libro al que algunos hasta le tienen miedo de leerlo pensando que van a ser una gran cantidad de problemas horribles.

Sin embargo, el Apocalipsis es un género literario muy particular muy particular del primer siglo del cristianismo, es un libro de esperanza frente a las persecuciones tremendas que tenían los cristianos por parte del imperio romano y por eso la iglesia pone la lectura del Apocalipsis para ir haciendo crecer la esperanza.

“El texto hoy es precioso, miren Dios enjugará todas sus lágrimas, ya no habrá muerte ni duelo ni penas ni llanto porque ya todo lo antiguo terminó, no es poesía, es fe, enseña como la meta de nuestro camino, es cierto esta tierra es un valle de lágrimas, tanto sufrimiento tanto dolor, tantas penas, pero no es el final ya está muy claro en el Apocalipsis, ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas y esto ¿será verdad?, cómo hacer para que nuestra Honduras sumida entre tantos problemas que parecen insolubles”, apuntó.

Enseguida preguntó: “¿será que Dios quiere hacer nueva a nuestra Honduras?”, a lo que respondió enfáticamente que “claro que sí, pero no lo hará de una manera mágica, lo hará cuando cada uno de nuestros corazones empiece a cambiar; si no hay espacio para Cristo resucitado, la fuerza de la transformación no puede desplegarse porque Dios respeta nuestra libertad, cómo es importante que nuestra fe no se quede encerrada en las paredes del templo sino que podamos llevarla a las personas que están desorientadas que piensan que con la confrontación y el odio, con aquello que parece que no va a cambiar nunca, si cambia el corazón, cambia la persona”.

Añadió que “cómo quisiéramos que mañana todos los hondureños dijesen el quinto mandamiento es ley de nuestro corazón y de nuestra Honduras, no matarás, cada semana muertos aquí, muertos por allá, esto tiene que cambiar, la fuerza de Cristo resucitado quiere que esto cambie, pero no va a cambiar si no cambian nuestros corazones”.

Pidió a los feligreses que difundan el bien, la verdad, el amor, pero no se trata de querer conquistar a otras personas sino de compartir lo que tenemos, si tenemos orientación en la vida, si sabemos para dónde vamos, si conocemos el camino.

Cuestionó que “Honduras se quiere construir en la mentira, no en la verdad y entonces no podemos encontrar el camino de la vida y por eso la pascua es una fuerza tremenda, la resurrección de Cristo nos quiere transformar si nos dejamos transformar”.

El purpurado pidió estar abiertos al amor, y el que está lleno de odio no hay espacio en ese corazón para el amor por consiguiente no hay espacio para Dios ni espacio para que el Señor pueda hacer nuevas todas las cosas.

Aludió el momento en que en el Cenáculo Jesús les dijo a sus discípulos que “les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros como yo los he amado, todos sabemos que el amor, incluso como mandamiento, no era nuevo, lo nuevo radica en el como yo los he amado”.

Sugirió preguntarse y reflexionar hoy cuál es la capacidad que se tiene de amar de verdad, hasta dónde llega mi capacidad de amar, realmente lo que salva al ser humano es la capacidad de amar y sentirse amado incondicionalmente, aunque sea solamente en un tiempo breve o en una circunstancia especial de su vida.

El cardenal también cuestionó que qué distinta es nuestra cultura dominante del día de hoy desde los parámetros posesivos, de una cultura del egoísmo, difícil de entender, pero cuando nos acercamos a la experiencia del amor y de la misericordia de Jesús descubrimos que lo que importa es llegar al corazón del ser humano hasta convertirlo en hijo y en hermano.

Mientras no descubramos el amor de Cristo y su mirada de misericordia sobre cada uno de nosotros sobre todo ser humano no vamos a saber quién es Dios, y cuando descubramos que Dios es amor cambiará nuestra vida y nuestro corazón, así como nuestra mirada y entonces podemos vivir de una manera nueva, liberadora y podemos vivir con esperanza y con alegría.

“El que no ama está muerto, que gran parte del pueblo hondureño tristemente no ama, odia, y esto tiene que desaparecer porque el que odia está muerto, aunque camine, aunque vague por las calles, se trata de vida o muerte, aquel que mata, aquel que destruye a otro ser humano, aquel que destruye la naturaleza está muerto y tenemos que ayudarlo para que la fuerza de la resurrección de Jesús pueda llegar a transformar esos cadáveres ambulantes por personas que viven con esperanza y alegría”, subrayó.

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