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Cannes (Francia).- Terry Gilliam presenta mañana en Cannes, tras un larguísimo proceso, "The Man who Killed Don Quixote" y hoy aseguró que no está obsesionado con el personaje de Cervantes. "Lo que me pregunto es por qué él está tan obsesionado conmigo que no me ha abandonado en 25 años".

"Me ha acosado durante muchos años. Ha abusado de mí, le he culpado de todos mis problemas", dijo el realizador sin parar de reír en un encuentro con periodistas españoles antes del estreno de su película.

Una película que clausurará la 71 edición del Festival de Cannes y que incluso estuvo a punto de no poder proyectarse debido a una disputa sobre los derechos de la obra, algo que Gilliam también se toma con humor.

"Cuando estaba preocupado por que quizás no llegara a Cannes por un cierto amigo portugués -dijo en referencia a Paulo Branco, el productor que reclama los derechos del filme- mi plan era alquilar una sala aquí, organizar una pequeña fiesta e invitar a todos mis nuevos amigos a verla gratis", señaló.

Y agregó: "La película iba a mostrarse en Canntres de una manera u otra, pero el festival estuvo mejor de lo que nunca hubiera soñado, fue fantástico", dijo al recordar el apoyo público de la dirección del certamen.

Finalmente la película se estrenará mañana tras un accidentado recorrido de 25 años en el que la historia ha cambiado mucho, como reconoció Gilliam.

Seguía adelante con el proyecto buscando convencerse de que tenía nuevas ideas y otras formas de hacerla, y lo cierto es que al final la historia "es mucho mejor" que la primera, a juicio del realizador, que también resaltó que "hay escenas que estaban en el proyecto original pero la idea general es otra".

Una historia que es una película dentro de la película. Toby (Adam Driver) es un director que está grabando en La Mancha una película sobre el Quijote pero nada le sale bien y empieza a recordar un pequeño filme que hizo siendo estudiante también sobre el personaje de Cervantes.

Los dos rodajes se mezclan y las ideas en la cabeza del director también, que empieza a actuar como un moderno caballero andante en lucha consigo mismo.

Jonathan Pryce interpreta al Quijote en esta versión final del filme de Gilliam, que sin embargo reconoció que le costó mucho tiempo olvidarse del fallecido actor francés Jean Rochefort, que era quien debía interpretar al hidalgo.

"Creo que era el perfecto Quijote, tenía la cara perfecta, era tan brillante...", recuerda aún con pena Gilliam.

Es el único momento de la charla en el que se pone serio e incluso triste. "Pasó mucho tiempo antes de que ni siquiera pudiera a empezar a pensar de nuevo en retomar el proyecto".

Pero está satisfecho con el trabajo de Pryce, el de Driver y el de todos los actores que participan en el filme, como la portuguesa Joana Ribeiro (Angélica/Dulcinea), Stellan Skarsgård, Sergi López o Jordi Mollá.

Asegura que fue muy divertido trabajar con los actores españoles y le da igual que el acento de los extranjeros al hablar español no sea perfecto o que haya hecho una versión muy libre de la obra original.

"Después de leer el libro me quedé con la esencia, que le jodan al libro, es la única forma de hacerlo", asegura entre carcajadas.

Unas risas que no paran cuando señala que acabar este filme era una especie de competición que se había impuesto para ganar a Orson Welles, que no pudo finalizar su Quijote. "Dije que haría algo que él no pudo acabar", señaló Gilliam, que también apuntó que en su película hay un pequeño homenaje a Welles.

Su único gran problema durante todos estos años, asegura, era pensar que "alguien tuviera su propia idea de cómo debería ser el filme" y que la imaginación de esa persona fuera mejor que la suya.

"Pero creo que sorprenderemos a unas cuantas personas, creo que hemos hecho un buen trabajo", dice un cineasta de 77 años que cree que aún tiene un niño en su interior y que solo se preocupa de verdad por la posibilidad de perder el sentido del humor.

"Si alguna vez lo pierdo creo que me pegaría un tiro en la cabeza. Estoy preocupado de que haya menos risas en el mundo estos días (...) Si perdemos el humor sería el fin de la civilización".

Es lo que más le molesta de la gente de ahora, que no vean la ironía, ni el humor, que no sepan ver el otro lado de las cosas. "La gente debería siempre mirar el otro lado para realmente entender el mundo".

Y termina diciendo que en lugar de gastar tanto dinero en buscar nuevos mundo, habría que usarlo todo para "reparar el daño que los seres humanos hemos hecho al planeta". 

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