Los partidos de vuelta de la semifinal del Clausura, precedidos por ofensas de técnicos

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En la imagen, jugadores del Olimpia de Honduras. EFE/Archivo

Tegucigalpa – Los partidos de vuelta de la semifinal del torneo hondureño Clausura han sido precedidos por ofensas entre los técnicos del Marathón, el argentino Héctor Vargas, y del Motagua, el argentino-hondureño Diego Vázquez.

La primera semifinal la disputarán mañana Olimpia y Universidad Pedagógica, en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, mientras que el domingo el duelo será entre Marathón y Motagua, en el Estadio Yankel Rosenthal, de San Pedro Sula.

El Olimpia es dirigido por el uruguayo Manuel Keosseián, otro técnico extranjero -que también ha dirigido al Marathón- que en varias ocasiones ha dado muestra de su agresividad, física y verbal en los estadios, aunque después se ha disculpado.

El Universidad Pedagógica tiene como timonel al médico y exportero mundialista hondureño Salomón Nazar, quien es la otra cara de la moneda, un estratega que con trabajo, buen fútbol y respeto a sus colegas, árbitros y aficionados, ha llevado a su equipo a su primera semifinal en los pocos años de estar en la primera división.

Como si no fuera suficiente la violencia entre barras que se genera en los estadios más importantes del país, en los que son frecuentes los enfrentamientos entre seguidores de los cuatro equipos considerados los mejores del fútbol hondureño, Vargas ha arremetido contra Vázquez y le ha advertido que el domingo no espere que le tiren «flores» al Motagua en el Estadio Yankel Rosenthal.

Vargas sacó a relucir su agresividad frente a los periodistas luego de que su equipo Marathón perdió por 0-2 el pasado domingo en el juego de ida de la semifinal en el Estadio Nacional, aduciendo que le lanzaron varios objetos cuando estaba dirigiendo, de lo que responsabiliza a Diego Vázquez, a quien además tildó de «maricón».

Antes de que Vargas cargara contra Vázquez, éste dijo, que después del partido del domingo, había visto en el camerino del estadio a Rolin Peña, un directivo del Marathón, abrazado con el árbitro central.

La polémica para calentar el ambiente de los clásicos del fútbol hondureño siempre ha existido, en mayor grado entre técnicos extranjeros, pero en el presente torneo algunos de ellos se han extralimitado y de lo deportivo han pasado a las ofensas, contradiciéndose ellos mismos cuando hablan de que el fútbol sirve para unir a los pueblos, a la familia, a los amigos y los niños.

En otras ocasiones, las ofensas de algunos entrenadores han ido dirigidas contra los árbitros o directivos de la Comisión de Arbitraje, lo que tampoco es nuevo en el fútbol hondureño.

La violencia entre barras, por lo general de los equipos Olimpia, Motagua, Marathón y Real España, los cuatro mejores del país, es la causante de que muchos aficionados se hayan retirado de los estadios.

El lenguaje áspero y a veces agresivo de Vargas tampoco es nuevo, pero después del último juego en Tegucigalpa, también la emprendió contra su compatriota Matías Galvalíz, jugador del Motagua, quien fue agredido al salir de cambio de la cancha, por el portero suplente del Marathón, John Bodden.

Vargas le dijo despectivamente «chiquito» a Galvalíz, a quien acusó de haberse burlado del Marathón al salir de la cancha, además de justificar por eso la agresión de Bodden.

El técnico del Marathón ha advertido que el Motagua no será bien recibido el domingo por los aficionados del Marathón, cuyos directivos han anunciado que no permitirán el ingreso al Estadio Yankel Rosenthal de seguidores del equipo rival.

Ante el ambiente tenso creado por Vargas y Vázquez, la Liga de fútbol de Honduras le ha hecho un llamamiento a «jugadores, cuerpos técnicos, directivos y aficionados a exaltar los valores deportivos del esfuerzo, superación, perseverancia, igualdad, respeto, deportividad, solidaridad y compañerismo que debe primar en nuestra competencia».

Uno de los directivos del Motagua, Pedro Atala, por su parte, ha anunciado que el equipo llevará su seguridad privada. Además, ha expresado que Vargas, de quien resaltó que es buen entrenador y «ha hecho cosas muy buenas» en el fútbol hondureño, en esta ocasión ha desatendido lo deportivo y está queriendo justificar su enojo por «el baile» que le dio el domingo pasado.

En el juego de ida de la final, el Marathón jugó mal y solo hizo un disparo directo al marco rival, suave, al minuto 75.

El Marathón, que estuvo invicto durante once fechas y se mantuvo líder del torneo todo ese tiempo, en la segunda vuelta del torneo tuvo una mala facha y fue desplazado por el Olimpia.

Para sellar su pase a la final, al Olimpia le basta un empate, incluso podría perder por 2-0, mientras que el Universidad Pedagógica tendría que ganar por una diferencia de tres goles.

El Motagua, último campeón, necesita de un empate, aunque también podría calificar perdiendo 1-0. El Marathón está obligado a ganar por al menos 2-0.

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