Mercedes Sosa, diez años sin la vida, el amor y la lucha de América Latina

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Buenos Aires – La nieta de Mercedes Sosa, Araceli Matus, escucha canciones de su abuela poco y siempre a solas, cuando necesita encontrarse con ella, cuando constata que diez años después de su muerte, «La Negra» todavía es «vida, amor y lucha por la justicia».

Sosa (1935-2009) llena así el salón de la casa de su nieta, en la intimidad, pero en tantos rincones del mundo se festeja a la argentina con conmemoraciones en las que «La voz de América» suena con la misma profundidad que cuando estaba de manera física en la Tierra, un planeta que dejó el 4 de octubre de 2009, fecha de la que se cumple una década este viernes.

«La canción tiene que tocar mi corazón primero. Porque yo soy como una antena parabólica con la gente: si yo no siento la canción, es muy difícil que la gente la sienta», sentenció Sosa una vez.

En relación a la música, creía que la estructura de la letra era como un poema, y que quien no entendía eso era un cantante en vez de un «cantor», como ella se consideraba.

Y dice a Efe Matus que todos los días, cuando piensa en su abuela, se pregunta si lo más importante de que «La Negra» ya no esté en el planeta es el vacío cultural que dejó.

Insiste en que de verdad no lo sabe, que no podría decir si en algún lugar de América hay una persona que encarne los valores que propugnó la mujer con la que compartió familia y cuyo legado está en sus manos.

«Mi abuela, cuando elegía canciones para cantar, pensaba en significar el amor a la vida y la lucha contra las injusticias», cuenta, para añadir que «La Negra» sabía que su voz «representaba para mucha gente esperanza».

Sosa, icono de la canción protesta latinoamericana y del folclore argentino, vivió tres años exiliada en Europa al estar perseguida por los militares de la última dictadura argentina (1978-1983), y antes y después de ello fue bandera de los valores que diferencian al continente.

«Su voz significaba para la gente eso que decían las canciones, que es elegida. Lo era y lo es, y no sé si hay otra cantora que en este momento pueda representar eso que representa mi abuela, de verdad espero que sí», reflexiona Matus.

Cree, eso sí, que la mayoría de artistas populares, folclóricos y no folclóricos, de Argentina «tiene presente» a Sosa, originaria de Tucumán (norte).

La nieta considera que la abuela, peronista primero y comunista después, transmitía en sus canciones «las injusticias en este sistema tan capital».

«El canto lleva dentro la cultura, que viene de las lecturas, de tanta gente a la que le debo todo lo que yo tengo (…). Ningún artista es solamente un artista porque canta bien», aseguró «La Negra» en otra ocasión.

Eso fue muchos años después de que la carrera de la artista comenzase como una rebeldía de adolescente, cuando aprovechó un viaje de sus padres para ir a cantar a la radio con un nombre falso.

A regañadientes y ante la insistencia por parte de la emisora local, su padre accedió a que grabara música.

Y así empezaron la vida, el amor y la lucha de Sosa a través de canciones como «Gracias a la vida», «Todo cambia» y «Solo le pido a Dios».

Los más conocidos, sin embargo, no son los que reproduce Matus en esos momentos en que, en su habitación, necesita a su abuela: uno de sus preferidos en los últimos tiempos es «Zamba para olvidarte», que la tucumana cantó con su compatriota Diego Torres en su celebrado disco doble final antes de fallecer.

Sosa, quien toda la vida anheló una forma de éxito masivo que se le escapaba por la propia idiosincrasia de su figura, reunió en aquellos álbumes a artistas como Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Joaquín Sabina, Shakira, Gustavo Cerati, Franco de Vita, René Pérez «Residente» y Jorge Drexler. «Cantora» y «Cantora 2» (2009) se convirtieron en grandes homenajes en vida.

Precisamente Drexler compuso en su día la oscarizada «Al otro lado del río» pensando en que la cantara Sosa, cuenta en el libro «La Mami» el único hijo de la cantora, Fabián Matus, que murió el pasado marzo a los 2019.

El vacío, pues, es ahora doble para Araceli Matus, porque reconoce que los últimos meses sin su padre han sido «una pesadilla» que ha atravesado con «mucho dolor» mientras afronta la tarea de sacar adelante la fundación Mercedes Sosa para la Cultura, en problemas económicos desde hace años.

Pese a la situación, Matus recalca que carga las enseñanzas de su abuela, una persona «de carácter fuerte que también era amorosa», que fue la «referente» entre los suyos, una suerte de guía en una familia donde «la figura de la mujer es muy importante».

Aprendió, cuenta, a «hacerse cargo de las decisiones».

«Y en esto que hablamos del amor, si bien el amor es vital y el motor de nuestras vidas, tampoco (hay que) perderlo todo por amor», comenta sobre lo que le enseñó «La Negra», intérprete de parte de la banda sonora de Latinoamérica.

Cuando escucha a solas en casa a esa artista, Matus visualiza solo a una persona: «siempre es mi abuela, su trabajo era cantar, pero es mi abuela».

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