Pastor hondureño esquiva a Trump y logra asilo tras esperar meses en México

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El inmigrante hondureño Douglas Oviedo posa durante una entrevista con Efe el 19 de septiembre en San Diego, California. EFE/Inés García

San Diego (CA) – Cuando en noviembre de 2018, el hondureño Douglas Oviedo fue rechazado en la frontera de México con EE.UU. se sintió el más desafortunado de los casi 8.000 integrantes de aquella caravana migrante. Hoy, es todo lo contrario al ser uno de los escasísimos indocumentados que ha recibido asilo.

Esta semana, el migrante se convirtió en uno de los primeros que ha recibido asilo como parte del Protocolo de Protección a Migrantes (MPP), creado por la administración del presidente Donald Trump en enero pasado para que los solicitantes de asilo lleven su proceso desde México y así desalentar la llegada de migrantes.

«Es algo increíble, lo esperé mucho tiempo. Han pasado once meses desde que salí de Honduras, ha sido pesado, difícil y abrumador, pero a la vez nunca perdí la esperanza y ahora que estoy acá, siento que cada segundo que pasé en Tijuana (México) valió la pena», dice a Efe ya en San Diego, en California.

Al llegar a la ciudad del noroeste de México, Oviedo vivió en carpas instaladas en albergues temporales para migrantes. En ese momento, no sabía cómo iniciar una solicitud de asilo y mucho menos cómo defender su caso.

Eso cambió al conocer a Jake Lee, un ciudadano estadounidense que realizaba labores humanitarias en los albergues y quien, tras escuchar su historia, convenció al hombre, de 35 años, de intentar culminar con éxito su migración.

Fue así como el 17 de diciembre Oviedo acudió al cruce fronterizo a por un formulario para solicitar asilo. El suyo tenía el número 1.834.

El 29 de enero pasado autoridades migratorias estadounidenses lo entrevistaron por primera vez, pero esa misma semana había entrado en vigor el programa MPP y después de 16 horas en un centro de detención fue enviado de vuelta a Tijuana, convirtiéndose en uno de los primeros 14 migrantes con los que se probó, el entonces, programa piloto.

«Fue terrible, lloré cuando estaba siendo regresado. Me sentía completamente decepcionado», asegura sobre el efecto inmediato de MPP, conocido también como el programa «Quédate en México».

Oviedo se ha enfrentado a la adversidad desde muy pequeño. Antes de cumplir los 13 años quedó huérfano cuando sus padres murieron de sida y, poco después, su hermano fue asesinado.

Cuenta que durmió en las calles y cayó en las drogas. A los 15 años intentó suicidarse, pero en ese momento todo cambió: «Dios llegó a mi vida y cambió a este hombre».

Fue así como se convirtió en pastor juvenil y se dedicó a rescatar a jóvenes de las pandillas hondureñas. Eso le supuso ser incluido en una lista negra elaborada por pandilleros y, con ello, su vida estaba en serio peligro.

Todo esto lo expuso ante el juez de migración Rico Bartolomei durante la audiencia final de su caso, la cual se extendió durante casi cuatro horas.

Finalmente, el juez respaldó los argumentos de Oviedo y destacó también las muestras de su trabajo comunitario, ya que durante el tiempo que permaneció en Tijuana impulsó la construcción un albergue para mujeres y niños migrantes centroamericanos.

«Agaché mi cabeza y comencé a llorar de alegría porque a lo mejor no me lo merezco, pero también creo que la justicia se practica en cualquier lado», comenta.

Oviedo también es uno de los pocos solicitantes de asilo en la frontera en ser representado por un equipo de abogados. En su caso, uno encabezado por Lisa Knox, de la organización Centro Legal de la Raza.

Su defensa le ha comentado que es probable que el Gobierno estadounidense apele la decisión del juez dentro de un plazo de 30 días, por lo que se preparan para responder en caso de que así ocurra.

En unos días, Oviedo se trasladará al norte de California, en donde organizaciones proinmigrantes le darán alojo, pero desde allá, asegura, supervisará el funcionamiento del albergue en Tijuana que inauguró dos días antes de recibir asilo.

A pesar de haber logrado el asilo, dice saber que su travesía no ha terminado. Su plan es traer a su esposa y tres hijos a Estados Unidos.

«Voy a trabajar muy duro para sacarlos adelante, para que mis hijos puedan tener una mejor educación, más seguridad porque en Honduras no se puede. Es mi sueño», apunta.

Más allá de sus planes personales, Oviedo cree que su historia puede inspirar a los miles de migrantes bajo el programa MPP que esperan en la frontera de México a ser llamados por autoridades migratorias estadounidenses para iniciar o continuar con sus solicitudes de asilo.

«Hay muchos que se han frustrado, tal vez están pensando en regresarse a sus países para no seguir con el proceso del MPP y no ir a la corte; por eso quiero mostrar que sí se pudo lograr», afirma.

Actualmente, 38.291 inmigrantes hacen parte del programa MPP, según datos de Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC), de la Universidad de Siracusa (Nueva York).

Las cifras han seguido creciendo desde que se recibieron los primeros 14 en enero pasado. El mes pasado 12.385 solicitantes de asilo entraron en la lista de espera para que su caso fuera analizado.

Por dar «más esperanza» a esos migrantes, frustrados tras meses y meses de espera, Oviedo quiere formar una red de abogados de inmigración para que representen a los solicitantes de asilo.

«Conozco muy bien esa realidad, no puedo hacerme de la vista gorda. Voy a buscar hacerme de aliados para conseguir abogados, eso es lo que se necesita», añade.

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