Quitobaquito, a donde los indocumentados llegan a EEUU en autobús

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Fotografía del 22 de febrero donde aparece el portavoz de la Patrulla Fronteriza, Daniel Hernández, mientras habla con una inmigrante hondureña tras entregarse junto a sus tres hijos de 2, 9 y 14 años en un punto del área conocido como Quitobaquito, en la frontera de Arizona con México (EE.UU.). EFE

Quitobaquito (AZ) – Lejos de la imagen de la peligrosa ruta que miles de migrantes recorren por el desierto, hay un punto en Arizona, Quitobaquito, en el que los indocumentados llegan en autobús como si de un paseo se tratara y cruzan la frontera sin problema para entregarse a los agentes estadounidenses.

Durante años el desierto de Arizona ha sido una ruta letal para muchos mexicanos que se adentraban en el desierto y tenían que realizar largas caminatas bajo temperaturas extremas para evitar a la Patrulla Fronteriza, pero ahora miles de centroamericanos apuestan por lo seguro y buscan a los agentes para pedir asilo.

Uno de esos lugares por los que cruzan es Quitobaquito, un punto de la frontera con México que se convirtió en la puerta de entrada a Estados Unidos para casi 4.000 familias centroamericanas y menores que viajan sin la compañía de un familiar adulto y que llegan en autobuses y camionetas a la frontera.

Daniel Hernández, vocero de la Patrulla Fronteriza con el que Efe hizo un recorrido por esta área, asegura que las detenciones son por cientos en los últimos meses.

Explica que los migrantes llegan a este punto en un autobús que los deja en una carretera cercana y que solo tienen que caminar unos pocos metros y pasar un alambrado para estar en territorio estadounidense, donde se entregan a las autoridades migratorias.

Los agentes a menudo les esperan después de detectarlos por medio de cámaras de vigilancia situadas en lo alto de las montañas cercanas y sensores de movimiento distribuidos por la zona.

No lejos de Quitobaquito arranca la travesía por el lado oeste del desierto de Arizona para quienes deciden seguir su camino sin ser detectados por las autoridades migratorias, y quienes deben cruzar el conocido «Camino del Diablo», una ruta en la que han muerto y desaparecido decenas de inmigrantes.

Nada que ver con la estrategia que usan aquellos que no buscan pasar desapercibidos.

La distancia que deben recorrer es tan corta que desde el lado estadounidense se observa la carretera que une las localidades mexicanas de Sonoyta y San Luis Río Colorado.

«En este tramo de la frontera hemos arrestado a casi 4.000 personas» en los últimos meses, enfatiza el agente después de hallar en el piso un boleto del autobús que recorre la transitada carretera.

Según cifras oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés), se trató de 3.900 detenidos en los últimos siete meses, en su mayoría de Honduras, Guatemala y El Salvador, lo que supone un incremento del 230 % en este sector comparado con el mismo periodo del año anterior.

Hernández recalca que solo hay un cerco de pequeños postes de hierro instalados para impedir solo el paso de vehículos.

«Es un camino accesible. Una persona puede subirse a un autobús y llegar aquí en un par de horas desde una ciudad grande en el lado mexicano», señala.

Por ello, considera necesarias nuevas y mejores infraestructuras para frenar el incesante cruce masivo de familias centroamericanas.

El portavoz tiene claro que las barreras funcionan y que la construcción de un muro fronterizo como el prometido por el presidente Donald Trump los ayudaría en el cumplimiento de sus funciones para detener el cruce de inmigrantes indocumentados y de drogas.

Durante el recorrido con Efe por el área los agentes recibieron una llamada en la que les informaron de que varios migrantes acababan de cruzar la frontera por ese punto.

Se trataba de una madre hondureña y sus tres niños, de 2, 9 y 14 años, que una vez superados los trámites de solicitud de asilo tienen como destino final Fresno, en California.

Tranquilos, los cuatro se acercaron a la carretera para entregarse a los agentes, que les preguntaron por su estado de salud y les dieron agua y galletas.

El adolescente de 14 años relató entre lágrimas que salieron de su país porque las pandillas querían reclutarlo y si no aceptaba le harían daño a su hermana de 9 años.

El agente de la Patrulla Fronteriza Alan Regalado explica en los últimos meses ha llegado un número «alarmante» de niños y recuerda que en un grupo de 325 indocumentados que cruzó a principios de febrero en este sector había 150 menores de edad.

«Estos niños vienen expuestos a las temperaturas extremas y algunos llegan con enfermedades respiratorias», indica Regalado.

La familia hondureña cruzó cuando la temperatura marcaba 30 grados Fahrenheit (1 grado centígrado bajo cero), y en algunas áreas del desierto había nevado y los menores venían con gripa, según dijo la mujer a los agentes.

Tras ser detenidos las familias y los menores no acompañados son trasladados a la estación de Ajo, la más cercana a Quitobaquito, para evaluar su estado de salud y ser trasladados al sector Tucson, donde determinan el lugar para continuar con su largo proceso migratorio, pero esa es ya otra aventura.

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