Recuerdan en Nueva York a transgénero que murió bajo custodia de Inmigración

0
243
Personas sostienen una bandera gigante del arcoíris mientras participan en el desfile anual del Orgullo Gay conocido como el "Orgullo de Atenas" en Atenas, Grecia, el 9 de junio de 2018. EFE/Archivo

Nueva York – Una coalición de organizaciones comunitarias recordó este martes en Nueva York a la transgénero hondureña Roxsana Hernández al cumplirse un año de su muerte bajo custodia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), a la vez que exigieron que se respeten los derechos de la comunidad LGTBI.

«Estamos aquí para recordar que no nos hemos olvidado de Roxsana Hernández, que buscaba asilo, y murió el 25 de mayo del 2018 bajo custodia de Inmigración. Queremos llamar la atención a esta situación», dijo Elizabeth Marie Rivera, portavoz de Oasis, el Centro de Bienestar Latino LGBTS de la Comisión Latina del Sida.

«Vamos a seguir enarbolando su nombre y el de todas las chicas transgénero que mueren por violencia, que han sido víctimas de Inmigración, vamos a seguir luchando y no vamos a parar hasta que se respeten nuestros derechos», afirmó en conferencia de prensa en las escalinatas de la Alcaldía de Nueva York.

Rivera, acompañada por un grupo de mujeres transgénero, exigió justicia para Hernández y denunciaron la violación de los derechos de esta comunidad en centros de Inmigración, donde, aseguran, son encarceladas con la población masculina.

«Murió deshidratada porque no le estaban dando la atención adecuada. ICE dijo que murió por complicaciones del VIH. Evidencia del Transgender Law Center dice que la habían amarrado muy fuerte y la habían agredido físicamente», afirmó: «Nuestras hermanas merecen mejor trato», agregó.

Hernández, a quien le practicaron tres autopsias, llegó el 9 de mayo a la frontera de EE.UU. para pedir asilo, aunque entre 2005 y 2009 entró dos veces ilegalmente al país.

De acuerdo con la primera autopsia, la causa de su deceso se debió a la deshidratación tras recibir fuertes golpes.

La segunda autopsia, realizada en noviembre del año pasado, reveló que existían «hematomas profundos» en las manos y el abdomen, evidencia de trauma por fuerza contundente, «indicativo de golpes o patadas, y posible ataque con objetos contundentes».

La hondureña de 33 años falleció nueve días después de ser transferida a una unidad dedicada a mujeres transgénero en el Centro Correccional del Condado de Cibola, en Nuevo México, que es operado por CoreCivic, la segunda compañía de prisiones privadas más grande del país.

El pasado abril, un informe de la Oficina del Investigador de Nuevo México sobre la tercera autopsia aseguró que murió por complicaciones del sida.

El informe de las autoridades señala además que Hernández sufrió diversas fracturas en las costillas y el esternón al practicársele la reanimación cardio-pulmonar (CPR, por su sigla en inglés).

Rivera aseguró que los derechos de la comunidad están «retrocediendo» en el país y recordó además que seis niños también han muerto en las manos de ICE.

La mexicana transgénero Elizabeth Chávez también levantó este martes su voz por Hernández, que el año pasado se unió a la caravana de miles de inmigrantes que llegaron a la frontera de EE.UU. para pedir asilo.

«No le dieron los servicios que necesitaba como transgénero y como persona que vivía con VIH. Ella fue castigada en el centro de detención, puesta en una habitación fría casi cinco días donde su salud deterioró debido a su condición. No le dieron el medicamento adecuado, la trataron como a la peor de los criminales», dijo Chávez a Efe.

«Ella no ha sido la única. En estos momentos la comunidad LGTBI y las trans en esos centros están siendo torturadas, castigadas, las ponen con hombres, no les dan servicios. No son criminales, sólo vienen escapando de las transfobia, del crimen organizado», lo que asegura ocurre para que firmen su deportación voluntaria.

Geraldine Monrroy Mercado, también mexicana, estuvo en un centro de detención en California del 4 de diciembre de 2018 al pasado 29 de marzo y, pese a que le habían dicho que había miembros de la comunidad LGTBI, al llegar se encontró con que era una unidad sólo para varones.

Respira aliviada al recordar que los cuatro meses que estuvo allí compartió su celda con un joven homosexual, pero admite que sintió «demasiado miedo».

«Yo vine a este país huyendo la persecución y jamás pensé que me encontraría en esta situación», dijo tras asegurar que en el país aún «falta mucha cultura del respeto; somos personas».

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here