Tegucigalpa- En el marco de la Misa Crismal el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez, anunció su jubilación y pidió a los hondureños no cansarse de hacer el bien.

Cardenal Óscar Andrés Rodríguez anuncia que se jubila y pide perdón a la feligresía, por si no estuvo a la altura de lo que su feligresía esperaba de él como obispo.

Acompañado del presbiterio y la feligresía, el arzobispo de Tegucigalpa cardenal Rodríguez presidió la Misa Crismal, donde en una solemne procesión, se presentaron los Santos Óleos y el Crisma.

«No se cansen de hacer el bien, que la oración les haga más, más cristianos», pronunció el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, al inicio de su sermón.

El cardenal expresó que la vida sacerdotal no solo es un rato mientras duren las ganas o mientras conviene, mientras gusta o se acaba el contrato.

“Es una vida que sabe también de desgaste, muchas veces de soledad, de incomprensión de debilidades errores;  a vece callejones sin salidas, una vida que es probada muchas veces por la enfermedad, que disminuye y se envejece, pero una vida que no cambia la entrega ni traiciona el amor con el que se afana por Dios y los hermanos”, expuso el líder católico.

De igual forma el cardenal, Óscar Andrés Rodríguez, anotó que la vida de un sacerdote no funciona con un horario comercial, porque es una vida no un trabajo según la mentalidad del mundo.

Los sacerdotes “no repartimos nuestras genialidades y estrategias, sino la salvación del Señor, es la palabra de Dios en nuestros labios”, acotó.

El Señor nos ha llamado a custodiar nuestra alegría con Cristo, y si hay tristeza, resentimiento, insidia entre nosotros, no podemos hablar de amistad con Cristo, dijo el cardenal, encomendando a los sacerdotes como hijos a San José.

La Misa Crismal es una celebración que debe presidir el obispo titular de la diócesis, en esta solemne celebración se lleva a cabo la consagración del Santo Crisma y la bendición de los otros dos aceites se considera una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo.

En la Misa Crismal, generalmente participan el mayor número posible de sacerdotes de la diócesis, uno de los ritos incluido en esta celebración a partir de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II es el de la renovación de las promesas sacerdotales.