Banderas: rodar «Dolor y Gloria» fue la época más feliz de mi vida como actor

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Cannes (Francia) – Antonio Banderas pasó los meses más felices de su vida como actor durante el rodaje veraniego de «Dolor y Gloria», la película de Pedro Almodóvar presentada hoy en la competición de Cannes. «Eso no me lo puede quitar nadie», afirmó el actor conteniendo las lágrimas y la emoción.

Banderas se mostró hoy generoso con Almodóvar, un director que le conoce bien y que sabe sacar lo mejor de él, que supo rebuscar «en esa maraña de cosas que supuestamente había aprendido» durante los 22 años que no habían trabajado juntos, hasta que se reencontraron en «La piel que habito».

Pero en aquel rodaje estuvieron enfrentados creativamente y en este caso, cuando recibió el guion de «Dolor y Gloria», simplemente se rindió y se puso a sus órdenes, porque se trataba «de interpretarle prácticamente a él».

Así que eliminó todas las cargas que llevaba tras más de cien películas rodadas y se tiró «de verdad al barro» para «buscar la verdad» partiendo de cero. Ese fue el trato con el Almodóvar y el resultado es una gran interpretación que ha recibido tantos halagos en Cannes como el filme en sí mismo.

Hasta el personaje le ha contagiado algunos de sus dolores a Banderas, como reconoció divertido en rueda de prensa. «Tenía un poco de dolor de espalda, el personaje me está contagiando algunos de sus males, pero me he tomado un paracetamol y estoy como una rosa».

Un Banderas feliz, como sus compañeros de reparto presentes en Cannes -Penélope Cruz, Asier Etxeandía, Nora Navas y Leonardo Sbaraglia- por la recepción al filme en un festival «que ha querido mucho a Pedro».

Tantos minutos duraron los aplausos en el pase de gala de anoche, que a Banderas le dio tiempo a pensar en los 40 años que hace que conoce a Almodóvar, en su historia, que ha discurrido en paralelo a la de España y en los cambios que ambos han sufrido.

Como los de su personaje, un cineasta de éxito en horas bajas, con unas adicciones diferentes a las suyas.

«Las adicciones cambian con los años. Y la mía ahora ha sido reencontrarme a mí mismo tras un evento cardíaco que sufrí hace dos años. Y esta película me ha ayudado mucho. Hubo un momento en los ensayos el que Pedro me lo dijo: ‘hay algo en ti nuevo desde lo del corazón y no quiero que lo reprimas'».

Ese ha sido su objetivo de los últimos años, recuperarse «y ser un Antonio Banderas nuevo».

Y diferentes las adicciones que reconoció Penélope Cruz: su familia y, especialmente, sus hijos.

«Siempre he sido adicta a la familia, aún mas con mis propios hijos. La familia es algo que me ha salvado de muchos problemas y me ha mantenido los pies en la tierra», dijo la actriz madrileña, que también confesó que comparte la adicción de Almodóvar por el cine.

Reconoció que tras realizar su primera película, con solo 17 años, le aterrorizó la idea de no volver a rodar. «Estaba perdida, como dirías tú -dijo mirando a Almodóvar-, como vacas sin cencerro, penando, ¿dónde voy ahora con mi vida si no es esto lo que puedo hacer?»

«Mi vida es el cine desde que era una niña», dijo la actriz, que precisó que lo que más le gusta de su profesión es que como actores son siempre estudiantes que parten de cero en una nueva aventura de la que no sabes casi nada. «Y eso crea mucha adicción».

Ese comenzar de cero le ha vuelto a ocurrir con Almodóvar pese a sus múltiples colaboraciones. Tenía que interpretar a una mujer inspirada en la madre del cineasta y, por primera vez, habló poco con él y apenas le preguntó por su personaje porque sentía pudor.

«Me podía el respeto, el cariño y el tratar con cuidado algo tan delicado», reconoció Cruz, que conoció a la madre de Almodóvar y entendió a través de ella «mucho de su respeto y adoración a la figura de la mujer».

A su lado, Asier Etxeandía, impactado por estar en Cannes y con una película de Almodóvar, con cuyo cine ha crecido, y Nora Navas, agradecida de formar parte de una película que le emociona cada vez que ve y de haber trabajado con un creador curioso por verla y pro brindarla su confianza.

Mientras que Sabaraglia aseguraba tener la certeza de haber conectado con todo el equipo a un nivel muy profundo «tras haber esperado durante 30 años la posibilidad de trabajar con Pedro».

«Si realmente queremos conocernos como pueblo debemos mirar a nuestro artistas», dijo Banderas, citando a Picasso, Unamuno o García Lorca.

Pero, agregó, «estoy convencido de que en un futuro no muy lejano, la gente tendrá que recurrir al mundo de Almodóvar para entender nuestra historia de las últimas décadas».Almodóvar se deja llevar en Cannes por la emoción, los recuerdos y los besos

Pedro Almodóvar estaba hoy muy emocionado en Cannes, por el gran recibimiento anoche de «Dolor y Gloria», un filme que encabeza las quinielas para la Palma de Oro, y tan hablador como suele, recordó su infancia, su amor por el cine y lamentó no haber besado a Antonio Banderas y Leonardo Sbaraglia.

«Estamos muy, muy contentos aunque esté lloviendo. No he conocido una lluvia tan feliz como la de esta mañana. Yo creo que no voy a poder olvidar la noche de anoche, como dicen los boleros». Así comenzó Almodóvar la rueda de prensa de presentación del filme, en la que le acompañaban Banderas, Sbaraglia, Penélope Cruz, Asier Etxeandía y Nora Navas.

Relajado tras la tensión de ayer y a la espera de ver si dentro de una semana gana, por fin, la Palma de Oro, al sexto intento, el realizador bromeó con la insistencia de la prensa de verle a él en el personaje de Banderas.

«No estamos ninguno de los dos tan mal como digo en la película», aunque dijo sentirse «achacoso». Y aseguró que en este momento de su vida, su principal adicción y casi la única «es dormir ocho horas cada día y saber que voy a hacer una nueva película».

Porque, como recordó, su gran ambición desde siempre ha sido hacer películas «del modo más personal posible».

«Que respondieran a mi minúscula mentalidad. Eso es un gran riesgo y hay que asumirlo, pero para mí el significado del éxito es que he podido hacer las películas que quería hacer».

«La noche maravillosa de ayer no significa nada más ni nada menos que haber experimentado esa noche maravillosa. Los problemas en la vida son los mismos que antes».

Así como los miedos. El principal para él es no volver a hacer cine, por eso siempre tiene proyectos en la cabeza. Ahora prepara dos adaptaciones de autores que no quiso mencionar porque no sería la primera vez que un guion que escribe no le apasiona lo suficiente para rodarlo.

Lo que tiene que sentir para lanzarse a rodar esas historias, precisó, es «que te vaya la vida en contarlas».

Y además de hablar, y mucho, de cine, también evocó recuerdos de la niñez, parecida pero no igual a la del personaje de Banderas en la película, el de un cineasta procedente de un pequeño pueblo, que ha vivido el éxito y ahora pasa por un momento de olvido y dolor.

Recordó la extrañeza con la que su madre le miraba cuando era pequeño -«y no era precisamente con orgullo»- y la que descubría en la mirada de los demás, de sus compañeros de colegio.

«Una mirada que tiene mucho de repulsa, de crítica y humillación. Es una experiencia muy dura para un niño, tan dura como que tu madre te mire como a un ser extraño. Pero yo era un niño muy fuerte y no pudieron conmigo con esa mirada de extrañeza», relató sin lamento.

Confesiones profundas pero también más divertidas en la rueda de prensa, como cuando reconoció que le habría gustado estar entre Leonardo Sbaraglia y Banderas cuando rodaron el beso apasionado que se dan en recuerdo de su amor ya pasado.

«Querría haber besado a los dos con la misma intensidad pero no se me ha ocurrido pedírselo ni como director ni como hombre», señaló Almodóvar, que se mostró orgullos de esa escena, la del beso, entre dos hombres mayores de cincuenta años y con pasión, algo poco habitual en el cine.

Una escena que cierra un círculo para los dos personajes, el mismo que él no pudo cerrar tras la experiencia de un amor truncado en un momento en el que «la pasión estaba viva».

«Pero por circunstancias tienes que separarte de esa persona y es dolorosísimo, es como cortarte un brazo. Yo no he tenido la reconciliación y por eso me hubiera gustado estar en medio de los dos y besar apasionadamente a Leonardo Sbaraglia y a Antonio Banderas. Pero no me he atrevido a pedírselo, mucho menos en los tiempos que corremos».

Momentos íntimos en una rueda de prensa en la que Almodóvar desbordaba felicidad por la acogida a su filme. Tanto que dijo ser francés.

«Soy francés o, como dicen ellos, estoy francés (…) Francia te adopta de un modo absoluto, lo decía Julio Iglesias, si triunfas en Francia, tienes un público fiel de por vida. Soy un cineasta francoespañol».

Pero también se siente vinculado a la cultura brasileña, siempre presente en sus películas. «La mayor parte de la música que escucho es brasileña cuando escribo, es la que mejor va con el ritmo que escribo».

Y recordó su primera visita a Brasil, de la mano de Caetano Veloso, en la que se sintió muy identificado con los colores de los barrios brasileños, con su vitalidad, con su explosión en todos los sentidos, que ya reflejaba en sus películas sin conocerlos.

«Lamento muchísimo que ahora estéis pasando por una etapa tan mala y ojalá que el pueblo brasileño encuentre la solución cambiando la dirección del país», afirmó con un atisbo de tristeza, quizás el único de la rueda de prensa.

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