Beneficiarios de DACA anhelan aportar al país que consideran su hogar

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Fotografía de archivo de una manifestación de jóvenes indocumentados, conocidos como "soñadores". EFE/Alex Segura/Archivo

Houston (TX) – La veinteañera Viviana Moreno Gómez, quien llegó a Estados Unidos sin documentos cuando tenía menos de dos años, anhela regular su situación migratoria para seguir estudiando y convertirse en trabajadora social, y poder conseguir un seguro médico porque padece de un grave problema renal.

Hace pocas semanas, cuando se enteró de que un juez federal había ordenado a la Administración del entonces presidente Donald Trump restaurar el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), sus esperanzas de “salir de las sombras” se incrementaron.

“Mi vida va a cambiar y esta vez no voy a dejar pasar la oportunidad porque necesito un trabajo fijo y pagar la deuda que representan los costos médicos”, dijo Moreno, quien sufre de un mal renal desde los ochos años que le impide al único riñón que le queda filtrar suficiente cantidad de sangre.

Para evitar las recaídas, Moreno toma medicamentos que controlan su presión arterial para mantenerse activa y ayudar también con los quehaceres de la casa en que vive con sus padres y sus dos hermanas menores en Greenville, a 80 kilómetros al sureste de Dallas, Texas.

Lo único que sabe Moreno es que cruzó la frontera con una tía cuando tenía apenas un año y medio de edad, escapando de la pobreza en la que vivían en la localidad de Salamanca, en el estado mexicano de Guanajuato.

“Ese es mi otro sueño”, remarca Moreno al hablar del deseo de regresar y conocer la tierra que la vio nacer y abrazar a los familiares de los que tanto ha oído hablar y a quienes solo conoce por las redes sociales.

Quizá el anhelo de Moreno se concrete en los próximos días, gracias al proyecto bipartidista de ley presentado este jueves en el Senado de Estados Unidos que abriría la senda a la ciudadanía estadounidense a casi dos millones de inmigrantes amparados o elegibles para DACA.

Mientras tanto, Moreno no desmayará en su intento de terminar sus estudios superiores para convertirse en maestra de educación y también en trabajadora social para ayudar a los inmigrantes que, al igual que sus padres cuando llegaron, no dominan el inglés.

TRABAS EN TEXAS

Nina Perales, abogada del Fondo Mexicano Estadounidense de Defensa Legal (MALDEF), aplaude la iniciativa legislativa al catalogarla de logro para un grupo importante de inmigrantes que “vive, trabaja y aporta al fisco” para beneficio de todos.

“Muchas de las trabas que ha sufrido DACA en el curso de los últimos años, específicamente en Texas, han sido gracias a las demandas hostiles del fiscal del estado, Greg Paxton”, indicó Perales, quien espera que el proyecto de ley se mantenga firme en Washington.

Texas, junto con otros ocho estados, solicitó el mes pasado a un juez federal que declare ilegal el programa DACA y detenga la iniciativa del presidente Joe Biden de fortalecer ese beneficio.

Uno de los “soñadores” (beneficiarios de DACA) que ha seguido de cerca los vaivenes judiciales y políticos del programa es Abel Bárcenas Suárez, quien llegó a este país procedente del estado mexicano de Querétaro cuando tenía 15 años.

“Mis papás me trajeron con ellos”, dice Bárcenas, ahora de 33 años, casado, padre de una niña de cuatro meses y dueño de una pequeña empresa de remodelación de casas e instalación de tejas en New Braunfels, cerca a San Antonio (Texas).

Hace seis años solicitó el amparo de DACA y desde entonces ha tenido que renovar el permiso en varias oportunidades. Admite que sin ese programa no hubiera podido sacar una licencia para conducir ni el permiso para abrir un negocio o trabajar.

“Me ha abierto muchas oportunidades y en estos años siempre he vivido con la incógnita de qué es lo que va a pasar con nosotros, si algún día en el peor de los casos voy a tener que abandonar el país”, refiere.

Su meta, como la de Viviana, es aportar lo que ha aprendido y ser ciudadano de bien en el país que lo ha cobijado y al que ahora considera como suyo.

“Nuestros padres querían algo mejor para nosotros y nos trajeron aquí porque pensaron que era el mejor destino. Ahora que soy padre pienso que si estuviera en esa situación también haría lo mismo: cruzar la frontera”, culminó Bárcenas.