Cardenal Rodríguez recrimina que hijos estén infectando con el COVID-19 a padres y abuelos

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Tegucigalpa – El cardenal Óscar Andrés Rodríguez, recriminó este domingo durante la homilía dedicada a la fiesta de la Sagrada Familia, oficiada en la Basílica Menor de Suyapa, que en Honduras parece que ya se nos olvidó que el COVID-19 es un virus altamente contagioso e hijos irresponsables están infectando a sus padres y a los abuelos de aquellos que tienen la dicha de tenerlos.

-El prelado enfatizó que “no es el plan de Dios que el niño tenga papá y papá o que tenga mamá y mamá, es la desfiguración de una sociedad sin Dios”.

El prelado se refirió el evangelio según San Lucas, cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, José y María llevaron al niño Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”.

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo, aludió.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: “Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él, relató.

Hogar integrado

En ese sentido, el líder religioso repitió las palabras del anciano Simeón “mis ojos han visto tu salvación”. El evangelio de hoy ha puesto de relieve que Jesús se integra en la tradición y en la cultura de un pueblo, cumpliendo los requisitos de la ley, la purificación de la madre, la presentación del primogénito.

El niño Jesús crece en un hogar integrado que le da a Dios su puesto, van con el niño al templo y Simeón que significa Dios ha escuchado simboliza la esperanza de todos los pueblos. Ese anciano Simeón representa todo el antiguo testamento que deseaba a El Salvador y precisamente lo dice el texto: “Lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo, ahora Señor puedes dejar a tu siervo irse en paz porque mis ojos han visto la salvación”, refirió.

No es un año perdido

“Ahora, ese ahora tiene un significado profundo, ese es el ahora en el cual Dios entra en la historia mediante el niño Jesús, ahora termina un tiempo y comienza otro. Nosotros estamos viviendo ya este ahora que es la oportunidad de entrar en la experiencia del amor y de la vida que nos ofrece Jesús, ahora es también un tiempo nuevo para la vida espiritual de cada uno de nosotros, no vivimos atados al pasado, ay que este año 2020, es un año que hay que olvidar, porque ha sido un año perdido, no, ha sido un año difícil, pero no un año perdido”, recalcó el purpurado.

Agregó que todos aquellos aún confinados han encontrado más a Dios, han confiado más a Dios, se han alimentado de su palabra, han seguido las celebraciones de la liturgia a través de los medios de comunicación, no pueden decir que es un año perdido. “Sólo aquellos que viven de lo material y que viven del vacío, de pulular por las calles haciendo nada o de aquellos que viven maquinando el mal y lo siguen haciendo, esos, si han perdido el tiempo”, señaló.

Apuntó que cada día, cada instante, se tiene la posibilidad de escoger entre el bien y el mal, escoger la vida y la luz o seguir envueltos en las tinieblas, en sombras de muerte, ahora tiempo favorable, tiempo de gracia, tiempo de bendición.

Rodríguez preguntó si podemos decir que en Cristo resucitado hemos encontrado un verdadero sentido a nuestra vida, si podemos decir que hemos celebrado una Navidad y que seguiremos en este tiempo litúrgico de la Navidad viviendo en profundidad. Cristo es una esperanza que renueva nuestra vida cada mañana, es luz que alumbra cualquier oscuridad de nuestra vida.

No es el plan de Dios

Y hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, de Jesús, José y María, es una fiesta entrañable que debemos celebrar en familia, que no está revelando cuál es el plan de Dios y el plan de Dios es precisamente que todo niño que venga a esta vida en una familia, no en una familia incompleta, no en una familia donde el padre es un episodio pasajero y después les toca a las madres salir adelante.

“Esa tristeza de nuestra sociedad de tantas madres que se llaman, soy madre soltera, no es el plan de Dios, tristemente ocurre, pero ese no es el plan de Dios, el plan de Dios es que cada niño y cada niña venga a este mundo dentro de una familia, con papá y mamá, no las desfiguraciones de una sociedad pagana que piensa que los niños son un juguete, no es el plan de Dios que el niño tenga papá y papá o que tenga mamá y mamá, es la desfiguración de una sociedad sin Dios”, recriminó.

Recalcó que Dios nos creó hombre y mujer y les dijo unan sus vidas, multiplíquense y llenen la tierra de amor, no de irresponsabilidad, por eso este año de San José, “queremos enfatizar la vocación del papá, la vocación del padre, así como fue San José, un padre responsable, un padre solicito, un padre amoroso. Como cualquier niño Jesús fue educado, creció, recibió amor y percibió los valores, en un ambiente de familia, la Sagrada Familia de Nazareth”.

Prosiguió que para el niño Jesús, su familia fue un lugar de encuentro humano, encontró la dimensión de la humanidad y los vínculos familiares le ayudaron en todo el proceso de crecimiento personal, ahí aprendió las relaciones humanas, el respeto y el perdón; la familia le abrió a la vida.

Indiferencia ante el COVID-19

“Por eso en esta fiesta de la Sagrada Familia queremos poner de relieve toda la fuerza humanizadora del evangelio en nuestras vidas, tristemente nuestra humanidad se está deshumanizando y en algunos hogares el día de la Sagrada Familia va a pasar como intrascendente y lo único que es importante es si ya llegaron las vacunas y si ya se empezaron a poner sin tener en cuenta que la principal vacuna es el amor”, enfatizó el purpurado.

Acotó que amar y respetar la vida, quiere decir amar y respetar la vida de los que queremos de los que amamos. “Esta nuestra Honduras, parece que ya se olvidó que este COVID-19 es altamente contagioso y hoy día cuántos hijos irresponsables tienen que llorar que contagiaron a sus padres o a sus abuelos por irresponsables”, recalcó.

“El que ama a su madre y a su padre, sigue las medidas de bioseguridad, se pone su mascarilla, desinfecta sus manos y su ropa y no participa en francachelas o en reuniones sin necesidad, también eso es amar y respetar a papá y a mamá o a nuestros abuelitos si tenemos la dicha que ellos vivan, eso también es consejo de sabiduría”, apuntó el prelado.

Refirió que el papa Francisco en su Ángelus de hoy, recordó esos tres verbos que le gustan tanto a él para la familia: permiso, agradecimiento y perdón.

No podemos ser invasivos, debemos aprender a pedir permiso, en segundo lugar, saber agradecer y la esposa y esposo son un don de Dios para ellos y los hijos son un don, un regalo que hay que agradecer y no piezas de un ajedrez que hay que manipular. Y finalmente, perdón porque queramos o no queramos pueden surgir diferencias, pueden surgir conflictos y hay que saber perdonar y el papa recordaba con tanta sabiduría, si cometimos un error, hay que saber pedir perdón antes de que termine el día, porque si no la guerra fría del día siguiente va a ser terrible, agregó Rodríguez.

Señaló que hay familias que viven en guerra fría, en un hogar que se comprometió a amar y ahí vale la pena recordar a San Pablo, el amor es comprensivo, es servicial, el amor no es maleducado ni egoísta, cree sin límites, espera sin límites, perdona sin límites, el amor no pasa nunca, saber decir gracias, saber perdonar, saber pedir permiso.

En la familia como en ningún otro grupo humano, nos hacemos capaces de recibir al otro y de vivir el amor gratuito y la entrega generosa, la familia nos proporciona la experiencia base de la convivencia en el amor, en el respeto a la diferencia, en la ayuda mutua, en la tolerancia, en el perdón, por eso hoy día de la Sagrada Familia, se sigue apostando por la familia como el lugar privilegiado en nuestro proceso de crecimiento humano y de crecimiento espiritual, reiteró.

El pesebre quedó como un adorno

Pidió preguntarse si las familias están transmitiendo la fe en Cristo que es fuente de sentido para la vida humana, pero tristemente hay familias donde ya se rompió la cadena de transmisión de la fe y se está rompiendo la identidad cultural cristiana.

“A qué hemos reducido estos días de Navidad, a compras y ventas, a regalos, a compromisos sociales, a buscar diversión y el pesebre quedó como un adorno que ya no existe, si acaso quedó el arbolito, sin saber tampoco qué significa, ay es que hay que ponerlo porque todos los ponen, pero vacío de contenido, no puede ser, en esta fiesta de Navidad, en esta fiesta de la Sagrada Familia, ponemos nuestra mirada sobre la familia de Nazareth como un ejemplo para nuestras familias, para que se nos ayude a convertirnos cada vez más en comunidades de amor, de reconciliación, de crecimiento en la vida espiritual, familias donde se experimenta la ternura, el apoyo y el perdón”, subrayó.

Finalmente, el prelado oró por resolver los conflictos de la familia actual, la falta de trabajo para muchos, la ruptura de la convivencia entre las parejas, las distancias entre padres e hijos, los hijos rechazados o no amados suficientemente, tantas situaciones que hacen sufrir a unos y otros, pero es más lo positivo que lo negativo, por eso presentamos anta la Sagrada Familia de Nazareth, todas las familias que viven unidas, toda la Pastoral Familiar, los retiros para los novios cristianos, los equipos de Nuestra Señora, Movimiento Familiar Cristiano, a las religiosas hermanas de la Sagrada Familia que celebran su fiesta patronal para quienes pidió bendición.

Encomendó a la Sagrada Familia también a las personas que están enfermas y a las familias que alguno de sus miembros ha muerto, no dice que perdieron un miembro de la familia porque el cristiano que muere no se pierde y la familia cuyo padre o cuya madre, abuelito o abuelita, hija o hijo han muerto, no lo han perdido, lo han ganado para Dios y para la vida eterna.