Creciente diáspora hondureña se arraiga en Gran Caimán

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Gran Caimán – Al solo arribar al aeropuerto internacional de Gran Caimán, una paradisiaca isla caribeña, protectorado británico en ultramar, con una extensión de menos de 200 kilómetros, usted se encuentra con hondureños que diligentemente le atienden, algunos como maleteros, otros como asistentes administrativos, traductores, aseadoras y en fin una variedad de trabajadores catrachos.

Más allá del aeropuerto los catrachos están por toda la isla en la que trabajan y luchan a brazo partido por la vida. La mayoría de ellos han llegado desde las Islas de la Bahía, el atlántico puerto de La Ceiba, la selvática región de La Mosquitia y una buena parte desde el norte de Yoro y Colón, así como de otras localidades de Atlántida.

Significativa diáspora hondureña

Los hondureños son una de las comunidades de inmigrantes más significativas en Gran Caimán, solo superada por la filipina y la jamaiquina.

La isla es uno de los primeros 10 centros financieros a nivel mundial y su actividad turística es de primer orden; los cruceros y también los visitantes de alto nivel de consumo disfrutan de la radiante belleza de su sol, sus cristalinas aguas, magnifica fauna marina, el paisaje exuberante y una infraestructura hotelera y turística que ofrece amplio confort y espacios de esparcimiento y diversión.

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La isla es uno de los primeros 10 centros financieros a nivel mundial.

Hasta Gran Caimán han llegado miles de hondureños y aunque oficialmente no hay estimaciones concretas, en total la isla tiene alrededor de 70 mil habitantes, su idioma oficial es el inglés, pero el español se habla en cualquier sitio debido a la presencia catracha y también de una significativa, aunque minoritaria comunidad de nicaragüenses.

Gran Caimán muestra una importante interculturalidad donde los ancestrales pobladores llegados de África se mezclan con británicos, misquitos, garífunas, hispanos y pobladores originarios de las tierras antillanas.

Remesas

La presencia de los hondureños y su enorme esfuerzo laboral en la isla dista de los indicadores de los ingresos por divisas registrados por el estatal Banco Central de Honduras (BCH, emisor); quizá la forma de que las remesas ingresan al país sea a través de mensajeros individuales o mecanismos informales o no llegan porque muchos hondureños en Gran Caimán han emigrado junto a sus familias y sus vínculos en el país son menores.

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Gran Caimán muestra una importante interculturalidad.

El BCH registra un ingreso de 10.8 millones de dólares desde enero de 2005 a enero de 2019, siendo 2016 y 2017 los años que reportaron alrededor de 4 millones de dólares y 2018 aproximadamente 4.3 millones de dólares.

La cercanía de los caimaneros con los hondureños de la zona atlántica es tan próxima que los vuelos directos desde La Ceiba y Roatán hacia Gran Caimán se registran dos veces por semana, mientras que vía marítima también se establecen medios de transporte.

Pese a que los requisitos caimaneros para legalizar la migración son engorrosos y largos, los hondureños siguen viajando hacia esa isla y en ella se desempeñan de acuerdo con sus capacidades ya que allí, – dicen, – han encontrado espacios de superación y sobre todo oportunidades de trabajo.

Ese es el caso de Naomi, una mujer que llegó hace 13 años desde una comunidad cercana a La Ceiba; ella se desempeña como empleada de aseo en un hospital privado donde dice que gana lo suficiente para poder mantener a su familia. Aunque su marido e hijos viven en la isla, Naomi viaja a Honduras cuando puede para visitar a sus padres y a otros parientes y amigos a los que añora.

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Xochi es una mujer originaria de los campos bananeros de Yoro.

Igual es el caso de Xochi, una mujer originaria de los campos bananeros de Yoro, ella emigró para poder contribuir a la economía de sus padres enfermos y una vez en la isla se casó y formó su familia, pero eso no le hace perder sus vínculos con su tierra a la que también viaja con frecuencia y a donde deriva parte de sus ingresos para suplir los medicamentos y otros menesteres de su círculo familiar.

Xochi se dedica a cocinar y vende sus alimentos entre trabajadores de la industria de la construcción y de otras empresas, sus clientes disfrutan su comida con toque catracho. Cada uno de sus platos tiene un valor de entre 8 y 10 dólares.

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Bellos atardeceres forman partede la oferta turística.

En Honduras uno de los principales problemas es la falta de empleos. Más del 40 por ciento de la Población Económicamente Activa se encuentra en paro o subsiste con subempleos. La población en más de 60 por ciento vive bajo la línea de pobreza y la emigración es una constante.

El desarraigo

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La cercanía de los caimaneros con
los hondureños de la zona atlántica
es tan próxima que los vuelos directos
desde La Ceiba y Roatán hacia Gran
Caimán se registran 2 veces por semana.

En Gran Caimán pueden encontrarse jóvenes hondureñas que llegaron desde pequeñas comunidades cercanas a Roatán y Guanaja. Ellas, pese a ser hondureñas, hablan esencialmente inglés y su apego con su país de origen es imperceptible o nula tal vez.

No así con otras chicas como Johana, una joven pasante de la carrera de enfermería, quien a sus 20 años nos comenta que ella nació en La Ceiba justamente el día en que el huracán Mitch asoló gran parte de Honduras dejando una estela de más de 11 mil desparecidos y poco más de seis mil muertos.

Johana dice que justamente fue entonces cuando su madre, afectada, decidió dejar el país y, cuando ella tenía apenas unos meses, ambas viajaron a Gran Caimán donde creció y ha vivido toda su vida.

Esas razones no hacen que Johana deje de interesarse por su país de origen y por su lengua materna. Ella dice que cada vez que puede vacacionar y disfruta de Honduras junto a sus jóvenes primas que siguen viviendo en el atlántico catracho.

El espíritu de Dagne

En el recorrido para conversar con hondureños en la isla también se encuentran nicaragüenses como Dagne, una negra, quien llegó desde la región de Bluefields, una de las zonas más usadas por los narcotraficantes que desde las costas colombianas trasladan hasta sus aguas los cargamentos de cocaína en su ruta de tráfico. Dagne se desempeña como trabajadora de limpieza en un hospital donde su salario es de 11.50 dólares caimaneros por hora contra cinco dólares que es el promedio de paga en otros lugares por similar tarea.

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Dagne se desempeña como
trabajadora de limpieza.

Ella llegó a Gran Caimán desde hace más de una década, pero su conexión es concreta con su tierra donde sigue teniendo vínculos familiares. Dagne dice que las oportunidades en Nicaragua son escasas y por ello culpa a la esposa del actual presidente Daniel Ortega, Rosario Murillo.

“La gente ya sabe cómo es él (Daniel Ortega), no sé cómo nos tiene sufriendo tanto y ahora es ella, es la esposa (Rosario Murillo), él está enfermo, se va a morir, nada es para siempre, el diablo nunca gana, va a caer, aunque muchos tengamos que morir” dijo mostrando el espíritu guerreo que los nicaragüenses han heredado ante las realidades internas que los ha llevado a vivir guerras y revoluciones.

Nicaragua afronta una grave crisis de gobernabilidad que se ha agravado desde 2018 hasta la fecha.

Espacio para los talentos

Los trabajos en la isla son en gran medida en el sector servicios, pero también se dan para profesionales como es el caso de una joven pareja conformada por una médico hondureña graduada en Cuba, quien realiza trabajos vinculados a su profesión en el área internacional de un prestigioso hospital mientras su esposo, un ingeniero graduado en Toronto, que mezcla su origen caimanero con el de su padre canadiense y su madre hondureña, se desempeña exitosamente en una industria inherente a su profesión.

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Paseo nocturno Camana Bay es otro de
los atractivos.

Ambos han encontrado oportunidades de prosperidad en una tierra que les ha abierto las puertas y donde algunos de los cerebros que forzadamente se fugan de otras latitudes si encuentran cabida.

También se encuentran en la isla jóvenes hondureños dedicados a trabajos en la industria de la construcción y a la vez a cualquier menester que les haga desempeñarse como una especie de “mil usos”. Al fin, dijo un chico que emigró desde Tegucigalpa hasta la isla, “aquí por lo menos encontramos algo que hacer”.

Así, en las Islas Caimán, la diáspora hondureña ha encontrado un puerto seguro.

Balanza comercial

A Gran Caimán también llegan las exportaciones hondureñas que en 2018 aumentaron sustancialmente, resaltando la langosta, los cigarrillos, legumbres, frutas, agua mineral y tabaco.

Desde las Islas Caimán las exportaciones hacia Honduras destacan las calderas, los artefactos mecánicos, los aparatos y material eléctrico, muebles y mobiliario médico- quirúrgico.

La balanza comercial entre Honduras y Gran Caimán es favorable para Honduras en por lo menos 75 por ciento, según datos oficiales de Honduras.

La lejana unidad

De nuevo en el aeropuerto internacional de Gran Caimán y a las puertas de cerrar el itinerario, Alvin, otro chico hondureño atiende a los viajeros y paisanos a los que auxilia mientras comenta que llegó a la isla desde otra tierra insular y no menos bella: Guanaja.

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Las Islas Caimán son un territorio británico de ultramar que abarca 3 islas 
en el mar Caribe occidental.

Alvin dijo que llegó a Gran Caimán junto a su madre y que, de Honduras, aparte de Guanaja apenas conoció en una ocasión San Pedro Sula, pero, agregó, no sabe si alguna vez retornará allí porque todo en tierra firme catracha le parece ajeno. “Acá los hondureños, a diferencia de los que pasa allá, nosotros somos muy unidos, no peleamos” indicó mientras se alejaba para atender a otros viajero.

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