El reto de una abogada italo-colombiana para entrar en la política local

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Roma,.- Cuando la abogada italo-colombiana Mónica Patiño Gómez decidió dar el salto a la política y presentarse como candidata para las elecciones regionales de la Toscana sabía que tendría que superar muchos obstáculos, pero nunca esperó que se produjera una reacción tan violenta contra ella. Sus delitos: ser mujer y latinoamericana.

«Me esperaba esta reacción por el clima político de odio que hay hacia los inmigrantes, que es muy fuerte últimamente en Italia. Sabía que podía pasar, pero nunca pensé que fuera tan fuerte, con palabras tan violentas», cuenta a Efe.

Se refiere a una cascada de cientos de comentarios racistas y sexistas que inundaron en unas horas las redes sociales tras su anuncio de candidatura en las listas del Partido Democrático (PD, centroizquierda), aunque ella es independiente.

Patiño, de 43 años y residente desde hace 19 en Florencia, donde ejerce su profesión y creó, además, las asociaciones Colombianos en Toscana y Mujeres Migrantes, anunció hace apenas unos días su candidatura al consejo regional de Toscana para los comicios del 20-21 de septiembre.

Le movió su deseo de mejorar las cosas en su ciudad, de acabar con «la degradación del centro urbano, con la falta de respeto por las reglas» y, sobre todo, «acabar con la instrumentalización de la política en materia de inmigración», con el clima de odio promovido por la derecha.

«Porque hay tantísimos inmigrantes en Florencia que aman esta ciudad, que respetan las reglas, que pagan sus impuestos y se matan a trabajar y que se sienten florentinos… En una ciudad donde se respeten las reglas y se frene la degradación, no podrá haber sitio para el populismo de derechas», afirmaba en su primer vídeo de campaña.

Casada con un florentino y con un hijo de tres años y medio, Patiño no quiere hacerse la víctima ni darse a conocer por haber sido objeto de ataques, pero está convencida de que «una mujer no tiene que soportar ofensas por su condición de mujer o por su origen», dice a Efe.

«No podemos seguir tolerando esto y debemos cambiar la sociedad. Me rehúso a que ocurra esto en cualquier contexto», afirma.

Le cuesta repetir los insultos que recibió y que ya han sido borrados: «Me duele tener visibilidad por algo como esto y no por mis ideas y proyectos», pero dan una idea de lo sucedido.

«De todo tipo menos políticos», dice. Desde «¿Quién eres tú para decirnos lo que tenemos que hacer?», «Lárgate a tu país» o «Vete a la autopista, que te espero para pasarte por encima con el auto».

También «por qué no te alías con Cicciolina» o «con quién te has liado para presentarte a las elecciones», entre otros ataques sexistas.

«Cosas muy dolorosas», recuerda, y lamenta que lo que más le sorprendió al principio fue «la resignación de la gente decente, el silencio».

Después todo cambió: «Me sentí apoyada, hubo muchas reacciones de amor y de solidaridad. Italia no es un país racista, es víctima de una política que busca siempre a un enemigo. La derecha basa su campaña electoral en la desinformación. Como izquierda tenemos que combatir esta situación», señala.

Desde su llegada a Italia hace casi dos décadas, «por amor», decidió aprovechar su profesión de letrada para ayudar a los inmigrantes latinoamericanos y a las mujeres migrantes en sus trámites burocráticos y otros problemas para integrarse.

«Y pensé, no puedo seguir haciéndolo así», y por ello creó la asociación de Mujeres Migrantes.

«Vi que se repetía mucho un patrón entre las mujeres. Llegan a Italia, a veces por amor, y dejan sus estudios, o no convalidan sus títulos, se entregan totalmente a una persona y al final están en una situación de indefensión, no tienen poder económico, no tienen voz ni voto», afirma.

Por ello, su asociación las anima a trabajar en su autoestima, homologar sus títulos si los tienen, integrarse, aprender el idioma e ir creciendo, empoderándose», y también interviene en casos de trata.

«Tenemos que cambiar la sociedad, y por eso decidí entrar en política, para tratar de incidir en las decisiones del país. La política es la manera de hacerlo a mayor escala, con mayor impacto», subraya.

Y dice que ha llegado para quedarse. «¿Por casualidad? No. Estoy convencida de que este es el camino. Hay que derribar muchos prejuicios».


Se opone con fuerza al discurso de que «la izquierda arruinó este país porque dejó que llegaran los inmigrantes».

«La derecha ha conseguido hacer calar un discurso sobre la inmigración que es una verdad a medias, de que estamos invadidos, que recibimos a todos».

«Hay que explicar que Italia, como país de la UE, forma parte del Convenio de Dublín, que rige las normas sobre el derecho de asilo, y precisamente cuando la Liga estaba en el Gobierno Italia no apoyó la reforma de este sistema», señala.

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