
Tegucigalpa – Quien cumpla la voluntad de Dios cosechará frutos de eternidad, señaló el arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher en la homilía dominical.
Durante la reflexión de este día, el religioso destacó la participación de la mujer en varios diálogos con Jesús. Cabe señalar que este 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer.
Aquella mujer, a la que Jesús espera junto al pozo, no es una persona aislada, representa al pueblo samaritano, pero de alguna manera también a todos los sedientos de una vida nueva. En ella es la humanidad entera la que, aún sin saberlo, busca al Dios verdadero, razonó.
“Si conocieras el don de Dios” le dice Jesús, a una mujer insatisfecha de su propia existencia. La que buscaba fue encontrada. Cuántas personas si conocieran a Jesucristo -“el don de Dios” por excelencia- su vida cambiaría. Es la respuesta a la desafiante pregunta que el pueblo hizo a Moisés en el desierto “¿está o no está el Señor con nosotros?”, reflexionó.
Jesús tiene sed, sed de nuestra adhesión de fe, que es el camino de acceso a la gracia divina, como escribe Pablo a los Romanos. De esa manera, nuestra gloria (plenitud eterna) consiste en compartir la de Cristo, agregó.
La conversación entre Jesús y la mujer supera las diferencias culturales, las divergencias religiosas e incluso las enemistades entre vecinos (judíos y samaritanos lo eran desde hacía siglos), caviló.
El diálogo entra en un hábil juego de palabras por el que Jesús lleva a esta mujer (y con ella a nosotros) a descubrir que todos tenemos algo que dar y mucho que recibir, resumió.
A continuación Departamento 19 reproduce la lectura del día tomada del santo evangelio según san Juan
Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.
La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”.
Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”.






