Honduras necesita proteger a los pobres, los más afectados por los huracanes

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El físico Nabil Kawas, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah). EFE/Gustavo Amador

Tegucigalpa – Honduras necesita una transformación en materia de viviendas construyendo condominios en sitios seguros fuera de las grandes ciudades, para que la gente que vive en zonas de riesgo no siga siendo afectada por fenómenos como las tormentas tropicales Eta y Iota, dijo este martes a Efe el físico Nabil Kawas.

Las primeras acciones luego del paso de fenómenos como Eta y Iota, que antes de tocar tierra en Nicaragua fueron poderosos huracanes en categorías 4 y 5 en las primeras dos semanas de noviembre, es atender a la población que «está en los albergues o que todavía permanece en zonas de vulnerabilidad», enfatizó Kawas, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah).

La atención a los damnificados debe incluir el apoyo para que, al bajar los niveles del agua, regresen a sus hogares, subrayó el profesional hondureño, con especialidad en meteorología, cambio climático y temas afines a gestión de riesgos.

PLAN PARA REFORMAR EL PAÍS

Luego de los desastres que han dejado Iota y Eta, principalmente en la región noroccidental, donde todavía hay zonas inundadas e incomunicadas, Kawas es del criterio que no se debe pensar en un plan de reconstrucción, sino en reformar la infraestructura del país, que figura entre los más vulnerables del mundo.

«Para mí, la reconstrucción en muchos aspectos no es válida, porque no le puedo decir a una persona a la que su casa se le inundó, que vuelva a vivir ahí, porque volverá a inundarse. Si no se inunda el próximo año, será en el segundo, en el décimo o en algún momento que vuelva otro huracán», explicó el experto y docente de la Unah.

Para la población, principalmente los más pobres, el Estado debe buscar terrenos seguros, fuera de las grandes ciudades, en los que se construyan «condominios o torres, donde además de seguridad tengan su propia actividad productiva, pequeña, mediana o grande, para que no tengan que migrar a la ciudad».

Kawas recordó que en los alrededores de Tegucigalpa se construyeron dos especies de ciudadelas con damnificados que dejó el devastador huracán Mitch, a finales de 1998, cuyos habitantes se adaptaron sin problemas en su nuevo sitio, con mejor calidad de vida y sin el peligro de las tormentas y huracanes que causan inundaciones y deslizamientos de tierra.

Reformar, luego de desastres naturales, como los que ha sufrido Honduras, los más graves con el huracán Fifí, en 1974; el Mitch, en 1998, y Eta y Iota en menos de semanas en 2020, también implica construir otras obras, principalmente en el extenso y fértil valle de Sula, que es cruzado por los caudalosos Ulúa y Chamelecón, entre otros ríos, de los 19 que tiene el pequeño país centroamericano.

De las 19 cuencas hidrográficas, sin incluir las del Atlántico y el Pacífico, que tiene Honduras, un país montañoso de 112.492 kilómetros cuadrados, unas cinco «son muy grandes» para su espacio geográfico, por lo que una lluvia descomunal siempre dejará severas inundaciones, como en el valle de Sula, dijo Kawas.

Para aliviar ese tipo de situaciones están los canales de alivio y la posibilidad de pequeñas obras hidroeléctricas, de las que Honduras tiene trece, que no han pasado de quedarse en proyectos y sólo unas tres tienen estudios para una eventual construcción.

Kawas subrayó que los canales de alivio bien hechos, con el respectivo mantenimiento, junto con las represas, no pondrán fin a las inundaciones en el valle de Sula, pero los daños de un huracán o una tormenta tropical poderosos no serían catastróficos, como los que han dejado el Fifí, Mitch, Eta y Iota.

«A los canales de alivio y bordos de contención hay que darles mantenimiento siempre, no descuidarlos sólo porque para el próximo año se pronostique una sequía», añadió.

Además, recordó que las inundaciones causadas por Iota y Eta superaron los canales de alivio y bordos de contención, que fueron rotos, en algunos casos porque no se les dio el mantenimiento necesario para que hubieran retenido una mayor cantidad de agua.

REPRESAS PARA ENERGÍA, AGUA POTABLE Y RIEGO

El Gobierno hondureño, luego del paso de Iota y Eta, ha retomado el tema de la construcción de represas en el país y otras acciones que serán plasmadas en un documento que será elaborado por un grupo consultivo y sea conocido por la comunidad internacional, para que brinde ayuda en la recuperación del país.

Algunos expertos consideran que los gobiernos que pasaron después del huracán Mitch en 1974, hicieron muy poco en materia de obras de alivio contra las inundaciones.

Aseguran que se volvió a construir en los mismos sitios de riesgo y alta vulnerabilidad, y el resultado ha sido que, lo que no se llevó el Mitch en 1998, lo hicieron Iota y Eta en menos de dos semanas.

Sobre las represas, Kawas indicó que deben ser pequeñas, en las áreas de influencia, como la de Nacaóme, por ejemplo, construida hace varios años en el sur de Honduras, una región árida.

Las pequeñas represas retendrían una gran cantidad de agua, generarían electricidad, agua potable para el consumo humano y el riego de cultivos agrícolas, lo que globalmente sería altamente provechoso para el país, cuyos ríos se desperdician corriendo directo al mar, dejando pocos beneficios en condiciones normales, y mucho daño en temporadas de huracanes.

Kawas también recordó que las depresiones, tormentas tropicales y huracanes se seguirán registrando todos los años, como ha ocurrido a lo largo de la historia, por la posición geográfica de Centroamérica.

El problema, añadió Kawas, es que ahora el paso de esos fenómenos es más rápido, cada vez son más devastadores y afectan no sólo a un país, como ha ocurrido ahora con Iota y Eta, que dejaron una estela de destrucción y muerte en Nicaragua, Honduras y Guatemala.

A las depresiones, tormentas y huracanes se suma el fenómeno antropogénico, producido por el ser humano, con una cultura que no contribuye a reducir la vulnerabilidad del país, sino que la aumenta destruyendo el bosque con la tala de árboles e incendios forestales, y las cuencas hidrográficas.

Ese daño del ser humano, según otros expertos, está llevando a Honduras, por la acelerada destrucción de sus recursos naturales, a convertirse en un desierto.

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