Iglesia Católica reprocha desesperanza, pobreza, hambre y violencia que azota Honduras

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Tegucigalpa – Este domingo, el segundo de cuaresma, la Iglesia Católica de Honduras reprochó la desesperanza, pobreza, hambre y violencia que azota al país centroamericano.

Así lo expresó el rector de la Basílica Menor Nuestra Señora de Suyapa, Carlo Mango Núñez, encargado de celebrar la Eucaristía de este día en ausencia del cardenal Óscar Andrés Rodríguez, quien guarda reposo tras haber superado el coronavirus.

“Necesitamos bajar al valle de este mundo donde tantos seres humanos sufren el dolor en sus carnes. La desesperanza, pobreza, hambre y violencia que azota a nuestro país”, expresó el sacerdote durante la homilía dominical.

Seguidamente señaló que se debe alentar la esperanza superando el virus y la interferencia del dolor humano.

Reflexionó que todos somos seres amados y queridos por Dios y por ello se debe reconocer la voluntad del Padre.

“Solo a él debemos escuchar, hace falta hacer la experiencia de escucha con Jesús. Él es la verdad que libera”, acotó.

Solo escuchando a Dios se encontrará el sentido de la vida y de la muerte, enfatizó.

“Hasta que escuchemos en nuestro interior la voz de Dios que nos asegura que somos como Jesús, el hijo amado, no podremos vivir con sentido”, sostuvo.

Finalmente, exhortó durante la cuaresma permanecer en oración, subir al monte alto y bajar con nuevos impulsos a la tarea de la vida diaria.

A continuación Departamento 19 reproduce la lectura del día tomada del santo evangelio según san Marcos (9,2-10):

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».