Inmigrante celebra un año de «santuario» y pide votar por marginados

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La inmigrante peruana Ingrid Encalada Latorre cumplió hoy un año desde que entró en "santuario" en una iglesia en Boulder, al noroeste de Denver (Colorado), donde se celebra un acto para remarcar su "resistencia". EFE/ARCHIVO

Denver (CO) – La inmigrante peruana Ingrid Encalada Latorre cumplió hoy un año desde que entró en «santuario» en una iglesia en Boulder, al noroeste de Denver (Colorado), donde se celebra un acto para remarcar su «resistencia».

Con una «convocatoria a la acción», Encalada pidió a los votantes de Estados Unidos que en las elecciones de noviembre -legislativas y de puestos para gobernadores- voten «ahora más que nunca» a favor de los inmigrantes y los marginados.

Su año en «santuario» ha sido «de resistencia», según manifestó en un comunicado.

Durante este lapso de tiempo, la activista desarrolló sólidas conexiones con dirigentes y políticos locales y colaboró con otras personas en sus mismas circunstancias para conformar la llamada Resolución Popular.

Se trata de un documento que pide la aprobación de nuevas leyes inmigratorias para mantener a las familias unidas.

Durante la jornada de hoy, y como parte de la «celebración», Encalada, su hijo Bryant y voluntarios realizaron llamadas a votantes de Colorado para convidarlos a votar por candidatos que respalden una reforma inmigratoria.

«(Los votantes) deben respaldar algo como la Resolución Popular para poder hacer cambios, para que de esa manera ya no haya más familias separadas. Ustedes tienen la voz para exigir que el Congreso haga lo que tiene que hacer a nivel nacional», aseveró.

Para Encalada, el hecho de que las comunidades religiosas ofrezcan «santuario» (protección dentro de un templo) demuestra el compromiso para detener deportaciones y el de respaldar a los dirigentes inmigrantes.

«El santuario», dijo, «es un testimonio pacífico que demuestra que nuestro sistema puede transformarse».

La peruana expresó que su permanencia en la iglesia es «una lucha por los derechos de todos los inmigrantes».

«Esta administración (del presidente Trump) quiere intimidar a quienes luchan por la dignidad y los derechos humanos, desde los activistas ‘soñadores’ hasta los de los derechos de las mujeres».

Madre de dos hijos estadounidenses, Encalada, ahora con 35 años, ingresó al país en el año 2000 sin la documentación apropiada y en 2010 fue arrestada por uso de documentos de identidad falsos.

Al declararse culpable de esos cargos, se le ordenó deportación.

Comenzó entonces una batalla legal con las autoridades federales de Inmigración hasta que, en noviembre de 2016, la mujer pidió «santuario» en una iglesia de Denver para no ser deportada.

Tras cinco meses en esa iglesia, la peruana abandonó el lugar cuando su caso fue reabierto y pudo iniciar un nuevo pedido para permanecer en el país.

Pero en agosto del año pasado un juez falló en su contra dándole un mes para salir del país, con un plazo de gracia de dos semanas.

En octubre de 2017, Encalada regresó a «santuario», primero en Denver, luego en Fort Collins (en el norte de Colorado) y finalmente en la Iglesia Unitaria Universalista de Boulder.

Allí cuenta con el respaldo de 16 congregaciones de esa denominación y de dos organizaciones comunitarias locales, el Comité de Servicios de Amigos Americanos (AFSC, en inglés) y la Coalición de Colorado por los Derechos de los Inmigrantes (CIRC).

Hasta hoy, la peruana era una de las 52 personas que este año han buscado refugio en iglesias del país, según Wardah Khalid, gerente de relaciones con los medios del Programa de Inmigrantes y Refugiados de Church World Services.

Pero ese número aumentó porque esta mañana la Primera Iglesia Metodista Unida de Germantown, en Filadelfia (Pennsylvania), anunció la protección de dos familias, una de Jamaica (con dos de sus siete hijos) y otra de Honduras (con cuatro de sus cinco hijos).

Ambas familias llegaron a Estados Unidos tras ser atacadas por pandillas en sus países de origen.

Hace una semana, la Iglesia Metodista Unida «Wesley Memorial», en Charlottesville, Virginia, anunció que desde el pasado 30 de septiembre la guatemalteca Chavalan Sut está alojada en esa congregación para evitar la deportación, pues en su país natal los pandilleros la amenazaron de muerte e incendiaron su casa.

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