Inmigrantes indígenas mexicanos reclaman sus derechos en Nueva York

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El cónsul general de México en Nueva York, Jorge Islas, conversa con la activista local, María Guadalupe Martínez. EFE/Ruth E. Hernández/Archivo

Nueva York – Inmigrantes de pueblos indígenas de México en Nueva York han conformado el consejo de los pueblos originarios, que dieron a conocer este viernes, para buscar solución a los problemas que enfrentan, durante la primera asamblea que realizaron como colectivo y en la que hablaron en sus lenguas natales y denunciaron ser olvidados por su país.

También redactaron un documento con sus demandas dirigido al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la Cancillería y la Secretaría de la Gobernación, a quienes aseguraron de que «no somos desechables». Igualmente reclamaron que López Obrador no haya visitado aún a las víctimas de la pandemia de covid-19 en Estados Unidos.

En el documento, que fue entregado al cónsul Jorge Islas, piden que se reconozca y respalde al primer consejo de los pueblos originarios en Nueva York, así como el derecho a tener traductor para sus lenguas y apoyo para visas humanitarias.

«En nuestro país ya hay leyes de que el idioma originario debe ser respetado como el español, y aquí tiene que ser igual. El consulado tiene que hacer lo mismo», comentó a Efe el mixteco Saúl Quizet Rivera, del estado de Guerrero, quien llegó a Nueva York hace ocho años y es uno de los organizadores del consejo.

También exigen protección laboral ya que muchos han muerto en accidentes del trabajo, así como asistencia legal y una línea de comunicación directa al consulado, entre otros reclamos.

«El presidente dijo durante la toma de su mandato que primero iban los pueblos y más que nada los originarios. Nuestra intención con esta asamblea es hacerle saber y entender que aquí hay también miles de pueblos originarios», indicó Rivera.

«Él (López Obrador) ha dicho que quiere trabajar directamente con el pueblo. Nosotros somos el pueblo. Queremos organizarnos y hablar por nosotros, ya es tiempo, no dejar que hablen por nosotros», afirmó además a Efe antes del inicio de la asamblea, realizada en la plaza de Times Square de Manhattan.

Ya sea cocinando o lavando platos en restaurantes o repartiendo comida como Rivera, limpiando casas o cuidando niños, detrás del mostrador de un negocio, en fábricas o en el campo agrícola, son miles los inmigrantes indígenas desempeñándose en trabajos esenciales donde enfrentan discriminación, abuso laboral y muchos han encontrado la muerte.

Rivera destacó que muchos tienen problemas para comunicarse incluso en español, que han aprendido por necesidad, ya que hablan principalmente sus propias lenguas, lo que les ha dificultado obtener servicios básicos, sobre todo durante la pandemia.

Indicaron que según datos de algunos profesores y del consulado mexicano hay más de 35.000 habitantes de lenguas indígenas en Nueva York, «y nosotros decimos que hay más de 200.000 personas en esta ciudad y aun así somos invisibles, los que no existimos, los menos, los nada, pero aunque así lo parezca la historia de nuestro pueblo no es una historia de derrota».

De acuerdo con el documento enviado a su país los inmigrantes en esta ciudad son de los pueblos originarios hablantes de lenguas milenarias Tu’un savi, Náhuatl, Ñoo Ndanm, Me’phaa, Amuzgos y Tlapanecos, entre otros.

Rivera, como muchos otros inmigrantes, trabajó como lavaplatos en un restaurante, donde dice haber sido discriminado por su origen, y luego como repartidor de comida hasta que un coche le arrolló, lo que causó dislocación de la mandíbula y dos cirugías, y ya no pudo volver a trabajar.

«Uno se siente orgulloso de ser indígena, se siente bien, pero cuando llegué a hace siete años y trabajé de lavaplatos el tema indígena era muy apagado y sufrí de racismo por otros latinos, pero sobre todo de los patrones porque nos ven más oscuritos, chaparritos. Nuestro español no es el mejor y piensan que somos ignorantes y nos hacen trabajar demás sin pagar las horas extras», lamentó.

Con ello, su familia, que incluye a sus padres y dos hijos de 10 y 8 años, dejaron de recibir ayuda económica.

«Ante la falta de oportunidades y por vivir en la marginación en nuestras tierras de origen es que tomamos la decisión de emigrar por un mejor futuro», indicó el mixteco, que hace tres años se unió a otros inmigrantes indígenas en un proyecto cultural para vender en Nueva York manualidades que hacen sus familias y así apoyarlas económicamente.

La historia de Saúl es la de otros miles de inmigrantes de pueblos indígenas que se vieron obligados a dejar sus comunidades en busca de bienestar económico y que han decidido unirse porque, dicen, enfrentan muchos problemas sin contar con el apoyo de su país.

«Todo eso lleva a la necesidad de organizarnos y convocar a los pueblos indígenas originarios. Somos miles los que estamos en esta ciudad y durante la pandemia estuvieron al frente de la emergencia sanitaria, sacando la ciudad adelante mientras los que tienen documentos estaban en su casa», argumentó.

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