La falta de ciudadanía frena el sueño olímpico de maratonista indocumentado

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Fotografía cedida por Florida Gulf Coast University (FGCU) donde aparece su entrenador asistente, el mexicano Argeo Cruz, de 27 años y amparado en el alivio migratorio conocido como Acción Diferida (DACA). EFE/ FGCU

Miami – El «soñador» Argeo Cruz lo tiene todo para participar este sábado en las pruebas calificatorias que dan un billete para representar a Estados Unidos en la maratón de los Juegos Olímpicos de Tokio del próximo verano, menos la ciudadanía del país que le ha visto crecer.

El mexicano, graduado y entrenador asistente de la Florida Gulf Coast University (FGCU) y amparado en el alivio migratorio conocido como Acción Diferida (DACA), cuenta a Efe que su estatus legal le impide seguir con sus aspiraciones olímpicas.

«Me dolió porque mi intención era representar a la comunidad Immokalee (Florida), donde crecí, a FGCU … también para representar a los hispanos, poner una imagen positiva a la comunidad, por eso me dolió más», señala el joven de 27 años.

Con un tiempo inferior a dos horas y diecinueve minutos en una maratón, la de Houston (Texas) en enero pasado, Cruz había clasificado para batirse este sábado en Atlanta (Georgia) por uno de seis cupos, tres hombres y tres mujeres, para correr este verano en Japón en representación de EE.UU.

Sin embargo, al hacer el papeleo supo que aún le faltaba camino para su particular «sueño americano».

Cuenta que su familia es de Oaxaca, en el sur de México, y que llegó a Estados Unidos con su madre y su hermana menor cuando tenía 11 años.

Se reencontraron con su padre, que ya trabajaba en la región agrícola de Immokalee, en el centro de Florida, en los cultivos de tomates, cítricos y chile jalapeño.

El mexicano comenzó a correr hace doce años para calmar la ansiedad que le producía ser indocumentado.

«Desde que era joven me enteré que no tenía papeles, eso a mí siempre me dio mucho temor porque en cualquier momento podría ser arrestado, deportado», explica.

Como cualquier «dreamer» en Estados Unidos, Cruz se las arregló para lidiar con la falta de ayuda pública para continuar con su educación, de un permiso de trabajo y las barreras para poder manejar un auto.

«A pesar de todo lo que he pasado, poder correr es un alivio, encuentro mucha felicidad cuando corro. En la secundaria, cuando me sentía triste y tenía miedo de deportación era como un escape», dice.

El mexicano también encontró en 2012 un alivio migratorio con DACA, decretado por el presidente Barack Obama (2009-2017), que le ayudó a su obtener un permiso de residencia y trabajo temporal.

«Me siento más seguro, sé que no podré ser arrestado», afirma Cruz, que se graduó en 2014 de Community Health en la FGCU y trabaja desde entonces como asistente de entrenador de la especialidad de «cross country» (campo a través).

Para la fecha de su graduación, sin embargo, tuvo la tristeza de no poder ir a México al funeral de su padre, que se había devuelto a su país.

«Si salgo de Estados Unidos ya no puedo regresar y pierdo mi estatus de DACA», se lamenta.

Por eso, tampoco contempló la posibilidad de intentar representar a su país natal en Tokio 2020.

Cruz trató de apelar la decisión del Comité Olímpico de EE.UU., pero le pidieron una prueba de que en la fecha de la competencia internacional él iba a ser ciudadano.

«Para mí está descartado porque yo soy DACA», subraya sobre un programa que además está en un limbo judicial que ha llegado a la Corte Suprema de EE.UU. después de que el presidente Donald Trump lo eliminara en septiembre de 2017.

A pesar de las señales en contra, Cruz espera que el Gobierno reconsidere su postura por el bien de unos 700.000 beneficiarios de DACA.

«Todos son jóvenes trabajadores, que están aquí con un propósito de hacer los mejor posible para salir adelante», indica sobre lo duro que es no poder aplicar a la ciudadanía. «Nos la merecemos», asegura.

El maratoniano, sin embargo, señala que una vez superada la decepción inicial está ahora un poco más tranquilo: «Trato de vivir un día a la vez y no preocuparme bastante del futuro porque eso me puede afectar».

«No voy a parar de correr, es difícil no poder competir, pero la ocasión sigue ahí, con la esperanza de que poder correr en las pruebas olímpicas de maratón de 2024 de EE.UU.», que le podrían dar, si consigue la ciudadanía, un billete para participar en los Juegos de París.

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