Latinos empleados encaran riesgos y los desempleados las penurias

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Maciel Espinosa envuelve mercancía con las manos cubiertas con guantes desechables por precaución al coronavirus en la bodega donde trabaja en el área de Prospect, en El Bronx, Nueva York. EFE/Ruth E. Hernández/Archivo

Washington – «Nuestra gente siempre pierde» dice un pastor evangélico frente al grave panorama del desempleo y en general la situación económica de los latinos en Estados Unido, país en el que la pandemia de COVID-19 ha devastado los sectores de servicios y que alberga a una numerosa mano de obra hispana.

Los latinos son el 18 % de la fuerza laboral en EEUU, y el 35 % de los 60 millones de hispanos indica que alguien en el hogar ha perdido el empleo, mientras que el 29 % de los empleados latinos da cuenta de pérdidas por la crisis de salud pública, según una encuesta divulgada hoy por Latino Decisions y la red de proveedores de salud SOMOS.

«Los que siguen empleados trabajan en lo más necesario como las limpiezas, las reparaciones de edificios, el mantenimiento de jardines», dijo a Efe Félix Eduardo González, quien con 36 años en el área metropolitana de Washington es pastor de la congregación Fé y Alabanza, en Arlington, norte de Virginia.

«Muchas de las hermanas trabajan en casas de familias acaudaladas donde tienen un riesgo doble cuidando ancianos», añadió González. «Otras son enfermeras o hacen la limpieza de locales y la higiene personal de enfermos».

Los datos del Departamento de Trabajo muestran que en marzo, cuando empezó a sentirse el impacto de la pandemia, el índice de desempleo general fue del 4,4 %, pero fue del 6,7 % para los afroamericanos y 6 % para los hispanos.

«Habitualmente cuando hay una recesión la primera ola de impacto sobre el empleo ocurre en el sector manufacturero», explicó el economista Michael Madowitz, del Centro para el Progreso Americano (CAP, en inglés). «En esta situación, ahora, el efecto es mayor en el sector de servicios como restaurantes, hoteles, el turismo. Esto es un golpe muy, muy diferente de lo que hemos visto en recesiones anteriores».

«Estas son industrias presentes en todo el país, concentradas en ciudades, industrias donde los empleos son peor pagados y encuentra trabajo la gente con menos capacitación. Allí los trabajadores, que en muchos casos son inmigrantes, no tienen ahorros con los cuales sobrellevar la crisis», agregó.

El informe de CAP calculó que los latinos son el 31,9 % de los trabajadores en lavanderías, el 30 % en los hoteles, el 26,8 % en restaurantes y servicios de comidas; el 24 % en las tiendas de ropas y el 21 % en los grandes mercados de productos múltiples.

«En la construcción, muchos contratistas han tenido que mandar a la gente a su casa porque no pueden pagarles», dijo a Efe José Neil Donis, quien dirige en Louisville, en Kentucky, el diario alDía. «Algunos restaurantes rotan a la gente y el que era cocinero, ahora limpia, y quienes servían las mesas ahora hacen reparto a domicilio. Así tratan de no despedirlos a todos».

En las últimas cuatro semanas más de 22 millones de personas han solicitado el subsidio por desempleo, pero éste es un beneficio al cual no pueden recurrir muchos trabajadores «independientes», que viven de lo que ganan como jornaleros o niñeras o limpiadoras. Los inmigrantes indocumentados, por su parte, están excluidos de éste y de otros programas promulgados por el gobierno federal en un conjunto de medidas que ascienden a 2,3 billones de dólares.

«Un mecanismo beneficioso es la reestructuración del beneficio por desempleo», señaló Madowitz. «Si los empleadores son inteligentes, pueden dar despidos temporarios en lugar de definitivos. Los trabajadores reciben el mismo beneficio que si fuesen despedidos, pero pueden retornar al trabajo cuando se reabran los negocios».

Donis, en Kentucky, apuntó que «quienes todavía tienen empleo no tienen otra opción más que seguir trabajando con miedo de enfermarse o perder el empleo. «Y si se enferman, muchos no tienen acceso al cuidado de la salud».

En cuanto a su diario, Donis dijo que encara una situación paradójica: «Hemos perdido más de la mitad de los anuncios y eso nos obligó a reducir el tiraje de la versión impresa. Pero online ha habido una explosión, muchos más lectores. Nuestra página de Facebook pasó de 9.000 seguidores a 13.000 en casi un mes».

Mientras que en Louisville, según Donis, la comunidad latina «obedece las medidas recomendadas por las autoridades», en Arlington la congregación de González se ha enfocado en la ayuda mutua y ha tejido una «red de contactos y apoyo para personas con depresión, afectadas por toda esta situación».

«Continuamos nuestro estudio bíblico para sobrellevar estas cargas espiritualmente», añadió el pastor. «Y procuramos darnos ayuda práctica los unos a los otros. No esperamos que el gobierno nos dé o no nos dé».

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