Lección de Huelga de las Uvas se debe usar para proteger campesinos de COVID

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La cofundadora del Sindicato de Campesinos (UFW), Dolores Huerta, habla durante una conferencia de prensa. EFE/ Iván Mejía/Archivo

Los Ángeles – Campesinos afectados por la pandemia de coronavirus deben “repasar y aplicar las lecciones aprendidas» en la Huelga de las Uvas, dice en entrevista con Efe la activista Dolores Huerta, sobre el paro que marcó la lucha de los trabajadores agrícolas y que este miércoles cumple cincuenta años de haber culminado.

“La Huelga de La Uva es el mejor ejemplo de que no hay ninguna lucha imposible y del poder que se tiene cuando la gente se organiza así se tenga todo en contra”, advirtió en entrevista telefónica la activista de 90 años.

“Precisamente es en este momento con esta pandemia, y este gobierno que nos ataca constantemente, es que debemos recordar que no podemos dejarnos intimidar, y que si alzamos nuestra voz podemos proteger a nuestras familias”, agregó.

El llamado se hace justo en el 50 aniversario de la firma de los primeros 26 contratos que otorgaron beneficios a los empleados agrícolas bajo la Unión de Trabajadores Campesinos (UFW) ocurrido el 29 de julio de 1970, tras cinco años de huelga que arrancó en Delano, California, y llegó a los oídos de toda la nación.

La Huelga fue el antecedente de la Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California (CALRA), un estatuto histórico en la legislación laboral de Estados Unidos promulgado en 1975, y que se mantiene como una de las pocas leyes que protege a los campesinos en el país.

MEDIO SIGLO DESPUÉS, EL VIRUS

Pero a pesar de los logros, la emergencia sanitaria del coronavirus ha llegado a sacar a la luz las iniquidades que aún se mantienen con respecto a estos trabajadores, advierte a Efe Matt García, profesor de Historia de Dartmouth College y autor del libro “From the Jaws of Victory: The Triumph and Tragedy of Cesar Chavez and the Farm Worker Movement”.

“Los inmigrantes latinos que trabajan en mataderos en el medio oeste se han visto obligados a volver a trabajar en medio de la pandemia. No cuentan con el apoyo de un sindicato”, resaltó el catedrático, que señala que estos empleados esenciales están entre los de mayor riesgo de contagiarse y varios ya han fallecido tras contraer la enfermedad.

García pone de ejemplo los problemas que atraviesan decenas de campesinos latinos en Wasco, California, que laboraban para la empresa de pistachos Primex y fueron infectados por el virus, despedidos y no estaban representados por UFW.

“La unión ha ido perdiendo poder”, consideró el académico.

En este sentido Huerta recalca que es necesario que los trabajadores del campo, aupados por los latinos y otras comunidades, retomen la lucha por sus derechos a todo nivel.

“Estamos quedándonos de brazos cruzados. Un ejemplo de esto es el censo. Los latinos son el grupo que menos ha participado y no entienden que eso le quitará recursos a las escuelas de sus hijos, a los hospitales donde los deben atender”, recalcó la activista, que participó junto a César Chávez en el paro que incluyó a más de 10.000 trabajadores entre 1965 a 1970.

Sobre las lecciones de la Huelga de la Uva que no se deben olvidar, García advierte que la huella indeleble del movimiento fue la unidad que se logró.

Y es que la protesta por las malas condiciones que enfrentaban los campesinos fue iniciada por un grupo de trabajadores filipinos-americanos en Delano, liderados por el activista Larry D. Itliong, a los cuales se unieron después los mexicoamericanos encabezados por Chávez y Huerta, e incluso se anexaron trabajadores yemeníes.

“Cuando no permites que un empleador te divida y te conquiste por la raza y que la gente pueda ver una causa común entre varias culturas y etnias, se puede lograr algo muy importante”, señaló García. “Eso se puede aplicar ahora”, añadió.

Sumado a esto tanto Huerta como García subrayan que aquella huelga dio lugar a que por primera vez una poderosa industria reconociera que tenían que negociar con un sindicato y no simplemente hacer incrementos salariales a su acomodo.

De igual manera, el movimiento de la uva buscó apoyo en todo el país y lograron atraer el respaldo de los consumidores que se unieron por millones al boicot.

“Los consumidores pudieron expresar su solidaridad con los trabajadores al negarse a comprar uvas. Y ese fue un gran logro. Eso fue lo que finalmente llevó a los contratos de 1970”, sostiene García.

Precisamente este respaldo de la comunidad es el que Huerta considera se debe volver a implementar.

“Quienes están llevando a las mesas estadounidenses la comida son los campesinos, entonces es necesario que se dé apoyo nacional para protegerlos del virus y para que se les pague bien por todo el esfuerzo que están haciendo”, concluyó la activista.

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