Maribel Lieberman: «De todas las caídas también se aprende»

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Nueva York (Especial Proceso Digital /Por Federico Delgadillo) – La pandemia de COVID-19 frustró los planes que tenía la hondureña Maribel Lieberman para conmemorar en 2020 los 20 años de apertura de su empresa de chocolates MarieBelle New York, en Manhattan.

– La famosa empresaria de los chocolates ha superado tres crisis graves en Nueva York.

– Cada crisis le hace cambiar de estrategias como empresaria.

– «Tengo la semilla innata de no dejarme caer», resalta Maribel en entrevista con Proceso Digital.

Los 20 años de su afamada empresa a nivel internacional, Maribel los quería celebrar con una edición especial de sus finos chocolates, pero su plan se derrumbó el 13 de marzo de 2020, cuando se dio la orden de cerrar Nueva York por la pandemia.

En 2020 Maribel también quería conmemorar el primer centenario de que la mujer en Estados Unidos obtuvo el derecho a ejercer el voto, conquista social de la que fueron protagonistas muchas féminas de América Latina, que ya vivían en este país, que es de oportunidades.

La hondureña Maribel Lieberman tiene 20 años con su empresa de chocolates en Nueva York Estados Unidos.

Pero la pandemia de COVID-19 no doblegó la fuerza y la imaginación de Maribel, quien en 20 años, con su tienda en la Gran Manzana, ha sabido sortear grandes tragedias como el derribo en 2001 de las Torres Gemelas, en un atentado terrorista, y la crisis económica mundial, de 2008.

«El 2020 ha sido muy duro para muchas compañías, pero de todas las experiencias, de todas las caídas, también uno aprende», expresó Maribel a Proceso Digital en su tienda MarieBelle New York, un sitio exquisito, en Soho, al que llegan clientes de todo el mundo, ya sea a comprar chocolates o pasar al Cacao Bar, a degustar unos exquisitos bocadillos o bebidas frías y calientes, para todos los paladares.

Al entrar a MarieBelle New York, por su agradable ambiente, a los clientes de inmediato se le activan los sentidos de la vista, el olfato y el oído.

El hermoso colorido de sus chocolates, el fino empaque de cada uno de sus productos; el aroma, la decoración de la tienda, con muy buen gusto, y un toque de música clásica, hacen que la visita a este local resulte inolvidable para los miles de clientes que tiene Maribel, entre los que se cuentan ricos y famosos, incluso de la política y la farándula, estadounidenses y extranjeros.

«En estos 20 años he pasado muchas experiencias de caídas, como también de muchos saltos, como por ejemplo cuando pusieron mi chocolate (una reconocida firma internacional) como uno de los mejores del mundo», recuerda Maribel con la sencillez natural y la elegancia del buen vestir que le caracterizan.

Lo de vestir bien lo aprendió en sus primeros años en Nueva York, donde estudió diseño de modas, pero luego se dio cuenta que lo suyo no estaba en las tijeras y las finas telas, sino en la cocina, en lo que es experta en comida internacional, lo que le facilitó su incursión al dulce mundo de los chocolates.

Cada producto empacado de MarieBelle New York está muy bien presentado y con la información impresa sobre el chocolate que el cliente va a consumir.

A manera de ejemplo, en una cajita azul con cuatro pequeños chocolates, cada uno con diseño artístico diferente, en vivos colores, obras de su esposo, Jacques, el cliente encuentra la información impresa sobre el sabor que degustará. Al redactor de Proceso Digital se le hace agua la boca antes de ponerse en la lengua el primer chocolate.

La pandemia de COVID-19 que ya lleva más de un año, la crisis económica mundial de 2008 y el derribo de las Torres Gemelas golpearon duro a Maribel, pero no desplomaron a esta «indita» hondureña, «terca», que tiene enterrado su ombligo en la aldea de Jutiquile, Olancho.

«Como empresaria y esa semilla innata que tengo de no dejarme caer, cambie mis estrategias para ver cómo sobrevivir y gracias a Dios han sido buenas decisiones», relató Maribel, quien después de siete meses de parálisis de su empresa por la pandemia, desde octubre de 2020 ha venido viendo crecer sus clientes que le compran por línea y en su afamada tienda, de lujo, en Soho, Manhattan.

El salto de Jutiquile a Nueva York

Hasta los 11 o 12 años de edad, Maribel, la menor de nueve hermanos, vivió en Jutiquile en el seno de una familia pobre, pero sin pasar penurias. La riqueza estaba en la unidad de la familia.

De aquella infancia, Maribel recuerda que algunas veces su madre, Bertha Artica (modista, ya fallecida), hacía una bebida de chocolate con leche fresca de vaca, acabada de ordeñar, y que los días en su aldea por lo general eran de mucho sol.

Al regresar de la escuela, hacia las 11:30 de la mañana, le gustaba encaramarse a un árbol, de ciruelo, que era su favorito en su casa, incluso para estudiar, o se dedicaba a jugar bingo y «jacks» (matatenas).

Quizá por la cultura de la cocina que se inculca en muchos de los hogares hondureños, las niñas desde muy pequeñas emulan a su madre y «cocinan» en sus juguetes artesanales o de fábrica, tal es el caso de Maribel, quien hacía «sopas» con solo dos «ingredientes»: tierra y agua.

Las «tortillas» eran de hojas de árboles, a las que les daba forma con tapitas de refrescos, las que a la vez utilizaba para servirle a sus comensales en la familia.
Además, en la escuela, en aquella niña inquieta comenzaba a asomar, a los ocho años, su vena de empresaria manifestada en su primer negocio: la venta de pan blanco con mantequilla entre sus compañeros de estudios, a cinco centavos de lempira.

A los panes le siguieron caramelos de mantequilla y colmenas, para lo que le pedía azúcar a su madre. Los dulces también aumentaron su clientela y, cuando menos acordó, sus ahorros de un año habían llegado a sumar 10 lempiras, todo un «capital» para una niña de su tiempo.

La empresaria hondureña Maribel Lieberman nació en la aldea de Jutiquile, Olancho.

Los 10 lempiras ahorrados quedaron en una tienda, donde Maribel, quien siempre tuvo zapatos, se compró los primeros, pero con su propio dinero, al que ya le comenzaba a dar el valor que tiene.

De aquellos años, Maribel también recuerda que a su casa en Jutiquile llegaban como invitados a comer una pareja de estadounidenses que pertenecían al Cuerpo de Paz, Juanita y Javier, a quienes le fascinaba escucharlos hablar en inglés y los imitaba, sin imaginarse que iba a terminar viviendo en Estados Unidos.

Quizá motivada por el idioma de Juanita y Javier, años más tarde, cuando Maribel tenía entre 11 y 12 años y estaba terminando su educación primaria, y su familia se trasladó a Tegucigalpa, comenzó a soñar con ser secretaria bilingüe.

El traslado de la familia a Tegucigalpa obedeció a que los hermanos mayores de Maribel unos estaban por continuar estudios universitarios y otros iban a secundaria.
Sus padres, Bertha, y Mariano Martínez, se sorprendieron al escuchar de Maribel decir que «cuando yo sea grande voy a ser secretaria bilingüe y me voy a ir a los Estados Unidos».

Pero lo del secretariado solo fue una ilusión pasajera, porque Maribel a los pocos años se dio cuenta que no quería algo mecánico, sino que lo que le gustaba era el idioma inglés.

A los 19 años el deseo de aprender inglés le llevó a Washington, donde vivió un año y luego regresó a Tegucigalpa, de donde dos años después se trasladó a Nueva Orleans. De aquí saltó a la capital del mundo, Nueva York, donde incursionó en el diseño de modas, pero después pensó que eso era muy superficial.

Así descubrió que su futuro no estaba en la alta costura, sino en la cocina, lo que fue fundamental para que se perfeccionara en la producción de chocolates, que fueron creciendo como sus panes con mantequilla de sus años de infancia. Del poco tiempo que estuvo en la cocina, Maribel recuerda haber preparado una cena para 50 personas en honor al expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela.

Sus chocolates, de los que la revista especializada Gourmet Magazine comentó en una ocasión que su empaque «era bello, pero lo que contenía adentro era el mejor chocolate del planeta», y el diario The New York Times honró a su empresa como la primera entre 10 compañías de chocolate caliente, han trascendido fronteras.

Los chocolates MarieBelle New York, hechos con cacao hondureño, cultivado en La Mosquitia, han llegado al mercado de Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Dubái y Europa.

Por su calidad de empresaria, Maribel ha sido invitada en múltiples ocasiones a dar conferencias a empresarios y universidades de varios países, y su empresa ha trascendido en decenas de medios de prensa internacional.

Entre otros acontecimientos en su vida como empresaria, el 21 de marzo 2012 Maribel fue invitada para tocar la campana de la Bolsa de Valores de Nueva York.

La fama no ha mareado a Maribel, la hondureña que lleva 20 años endulzando el paladar de neoyorquinos y foráneos con su finos chocolates, hechos en su fábrica instalada en Brooklyn, y a la venta en Soho, el rincón más dulce de Manhattan.

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