Fotografía de archivo del 24 de junio de 2019, de los cuerpos sin vida de un presunto migrante y su bebé a una orilla del Río Bravo en Matamoros, frontera con EE.UU, en el estado de Tamaulipas (México). EFE/Abraham Pineda-Jacome/Archivo/ATENCIÓN EDITORES: CONTENIDO GRÁFICO EXPLÍCITO

Matamoros (México) – El 24 de junio del 2019, la imagen de una tragedia migrante rompió las fronteras y se difundió sin necesidad de visa por el mundo: un padre salvadoreño y su hija de apenas 1 año 9 meses yacían boca abajo, ahogados en el río Bravo, tras intentar cruzar a Estados Unidos desde México.

La fotografía, captada por una lente de Efe en la ciudad de Matamoros, en el nororiental estado de Tamaulipas, causó un impacto en la opinión pública internacional.

Desde el papa Francisco, quien pronunció su tristeza en un comunicado, hasta el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aseveró que si hubiera existido un muro en la frontera con México no habría sucedido la desgracia.

La posición de los cuerpos de Óscar Martínez y Angie Valeria «ahogó» en tristeza al orbe. Valeria estaba dentro de la camisa de su padre y su brazo quedó en el cuello del hombre de 25 años, lo que evocó la muerte del niño sirio Aylan Kurdi, quien murió en el 2015 tras un naufragio en el Mediterráneo.

Al filo de las 10.00 hora local (15.00 GMT), los cadáveres fueron ubicados a poco más de un kilómetro del campamento de migrantes por integrantes de la Dirección de Protección Civil de Matamoros, quienes una noche anterior habían suspendido la búsqueda por falta de iluminación.

«Fue mejor que no hayan continuado la búsqueda, pues seguramente no se hubiera visto esa imagen. Eso nos lleva a reflexionar sobre la migración. ¿Valdrá la pena todo esto que se está viviendo? ¿Vale la pena dejar tus raíces para venir a la búsqueda de ese sueño que se convierte en pesadilla», declaró este miércoles a Efe Juan Antonio Sierra Vargas, representante de la Casa del Migrante San Juan Diego, quien en su momento apoyó en los tramites para la repatriación del cuerpo.

DEJANDO HUELLA

Días mas tarde, los restos de Óscar y Valeria llegaron a San Salvador para ser sepultados.

Pero el suceso dejó huella en Matamoros y entre los migrantes quedó este hecho que se lamentó y se sigue lamentando, pues refleja la crisis humanitaria que persiste en la zona.

A un año del suceso, los esfuerzos para controlar el fenómeno migratorio parecen ser estériles, el Protocolo de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés) se ha frenado por la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 y las citas de los migrantes ante la corte estadounidense -para evaluar solicitudes de asilo- se han aplazado, mientras las familias esperan en un campamento donde sufren las condiciones insalubres.

«Sabiendo que es peligroso, hay gente que se sigue cruzando el río Bravo y la tragedia que han sufrido y vivido en carne propia no los detiene para seguir el sueño americano. Las citas se han estado reprogramando, eso ha causado una histeria colectiva, un estrés, una desesperación porque prácticamente están solos», expresó Gladys Cañas, presidenta de la organización Ayudándoles a Triunfar.

Hay centroamericanos y personas de otros diversos puntos del continente americano que tienen más de un año esperando la respuesta del programa implementado por el gobierno de Estados Unidos. Algunos de ellos ya han pensado en un plan alternativo ante el deterioro de la esperanza por internarse en el país norteamericano.

«No tienen muchas opciones, ahora es el ‘plan b’. Hay mucha gente que está pidiendo asilo en México, ya tienen mas de un año viviendo en el campamento, es demasiado tiempo. Hay unas personas que nos preguntan cómo le pueden hacer para pedir asilo en Canadá o en algún país de Europa», afirmó Cañas.

BROTE DE PROTESTAS

Los migrantes que están en el campamento ya son presas de la desesperación.

El pasado lunes, un grupo llegó por la madrugada hasta línea divisoria en el Puente Nuevo y las autoridades estadounidenses decidieron cerrar el cruce hasta que se retiraran del lugar.

Edison Sánchez, líder de los venozolanos que se encuentran en el asentamiento ubicado en las márgenes del río Bravo, confesó que hay grupos que están molestos por el aplazamiento de su solicitud de asilo, y sugieren que se hagan protestas para demandar se aceleren los procesos.

«La gente está entrando en desesperación, otros quieren hacer protesta, y lo que estamos haciendo es evitar este tipo de problemas. No hay noticias favorables, todo mundo esta desesperado», contó Edison a Efe.