Nueva York abre su Fashion Week con acento hispano pero notables ausencias

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Una modelo luce prendas del diseñador mexicano Wilfredo Gerardo durante el evento "Fashion Designers of Latin America" en la Semana de la Moda de Nueva York (Estados Unidos). EFE/ Kena Betancur/Archivo

Nueva York – La «Fashion Week» de Nueva York (NYFW) abre mañana, jueves, con una fuerte presencia hispana, desde Carolina Herrera y Óscar de la Renta hasta Custo Barcelona y Ágatha Ruiz de la Prada, pasando por Raúl Peñaranda, aunque en esta edición también destacan las ausencias de Tom Ford, Jeremy Scott o Rihanna.

En el evento, que dura hasta el 12 de febrero, sobresalen junto a las veteranas casas de Herrera y De La Renta otras reconocidas marcas de moda con raíces latinas, como Proenza Schouler, Alejandra Alonso Rojas, Gabriela Hearst, Monse o Sergio Hudson, pero más allá del calendario oficial los diseñadores se cuentan por decenas.

Con la plataforma Fashion Designers of Latin America desfilarán en la Gran Manzana el venezolano Douglas Tapia, el mexicano Wilfredo Gerardo o la dominicana Ana Rafé Alcántara; mientras que la Fundación Ángel Orensanz es sede de la muestra Art Hearts Fashion, por la que desfilarán Merlin Castell, Ricardo Seco o Ydamys Simo.

Aunque esta edición estarán presentes unas 70 firmas de moda, se nota más el vacío de unas pocas comenzando por Tom Ford, el nuevo jefe del CFDA (Consejo de Diseñadores de EEUU) y organizador de la NYFW, que ha decidido trasladar su desfile a Los Ángeles y catalizar el glamur que atraerá la ceremonia de los Oscar el 9 de febrero.

«Hay emoción en Los Ángeles ese fin de semana en particular, y la relación entre el cine y la moda es fuerte. Como presidente de CFDA, mi propósito principal y prioridad es globalizar y atraer atención a la moda estadounidense», explicó Ford a la revista WWD.

La «Fashion Week» de Nueva York será un poco menos colorida y estridente a falta de Jeremy Scott, que presenta su colección otoño-primavera en París, donde lanzó su carrera; y también un poco menos clásica sin Tommy Hilfiger y Calvin Klein, dos abanderados de la moda estadounidense que han cambiado su estrategia de negocio.

A sus nombres se suman el de Ralph Lauren, que no ha confirmado ni descartado su presencia en la Gran Manzana; Phillip Lim, que se toma su primera pausa en 13 años debido a la «locura» del sector; Rihanna, que solía hacer un espectáculo para famosos de su desfile de lencería Fenty, o los transgresores Telfar y Pyer Moss.

No obstante, tendrán más espacio para brillar los modistos más en boga en EE.UU., que sí se quedan: Brandon Maxwell y Christian Siriano, favoritos de las celebridades, y dos veteranos que nunca fallan, Michael Kors y Marc Jacobs, que protagonizan la apertura y el cierre de la última jornada de la NYFW, respectivamente.

Otras firmas que desfilarán estos días por los estudios Spring del barrio de Tribeca, sede de la NYFW, son Tadashi Shoji, Cynthia Rowley, Zadig & Voltaire o Noon by Noor, aunque se celebran multitud de eventos en otros espacios, desde restaurantes hasta museos, y casi todos se retransmiten por internet.

Y es que la tecnología ha transformado la Semana de la Moda, que en sus comienzos solo era accesible bajo invitación para un grupo de privilegiados, según explicó recientemente en la sede del mercado Nasdaq la ejecutiva de IMG Leslie Russo, organizadora de la NYFW junto al consejo de diseñadores.

«La tecnología ha cambiado la ‘Fashion Week’: en los 90 la idea era que los diseñadores mostraran las colecciones a los minoristas y editores, que decidían qué iba a estar en las tiendas seis meses después. Ahora hay una pasarela global instantánea, tienes consumidores conectándose desde todo el globo», señaló.

En ese sentido, también es cada vez más frecuente que las firmas inviten a «influencers» de redes sociales a «cubrir» sus desfiles, aunque también se puede acceder pagando: la NYFW ofrece entradas entre 500 y 1.500 dólares, o paquetes «VIP» que incluyen «retoque» de peluquería y maquillaje por 2.000 dólares.

La democratización de la NYFW, el impacto de internet y la sombra que proyectará sobre esta edición la estatuilla de los Oscar desde Los Ángeles perfilan un panorama ya de por sí desafiante para este evento, que el consejo de diseñadores de EEUU acortó el año pasado en un intento por «revitalizarlo», según explicó Tom Ford.

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