
Por Alberto García Marrder
Para Proceso Digital, La Tribuna y El País de Honduras
Tres países de antiguas civilizaciones, hay mucho más, reclaman que museos europeos devuelvan los tesoros que exhiben a su país de origen.
En principio, está el cuadro más famoso del mundo, el Mona Lisa (“La Gioconda”) del italiano Leonardo Da Vinci en el Museo Louvre de Paris, el busto de la emperatriz egipcia Nefertiti en el Museo Neus de Berlín y los Frisos del Partenón griego en el Museo Británico de Londres.
Da Vinci usó de modelo para pintar a Mona Lisa a Lisa Gherardini, esposa de un acaudalado comerciante Francisco de Giacondo y tardó cuatro años en terminarla. Los franceses la conocen más como “La Gioconda”. El maestro, lo mejor de la era del Renacimiento italiano, se la vendió luego al rey Francisco I de Francia por 12,000 francos y, desde entonces, ha sido propiedad del Estado francés.

El cuadro está resguardado por un grueso vidrio anti-balas y fuertes medidas de seguridad. El Mona Lisa, al verlo desde luego deja ver una imagen de enigmática sonrisa o melancolía.
A los italianos les gustaría tenerla en sus museos.
Salvo excepciones, esos museos, argumentando diversas razones para su propiedad, no van a acceder a devolver esos excepcionales tesoros.
He visitado dos de esos tres museos, el Louvre de París y el Británico de Londres, y este es el último donde hay unas ocho millones de piezas, apropiándose entonces el imperio británico de su historia colonizadora y de las adquisiciones de Hitler durante la segunda guerra mundial.
Son piezas históricas expropiadas, robadas o “donadas”. Pero si no hubiera sido, en el caso egipcio por ejemplo, por los arqueólogos británicos que excavaban en sitios por tierra y arena ocultos por más de 3,000 años antes de Cristo, estos seguirán igual de ocultos. Y antes que lleguen los saqueadores de tumbas egipcias con fines lucrativos.
Habría que preguntarse qué hace en el Museo Neues de Berlín el majestuoso busto de la reina egipcia Nefertiti (1370-1331 antes de Cristo) y esposa del faraón Akenaton.
Este busto, obra del escultor egipcio Tutmosi, es la más reproducida de la civilización egipcia y ha permanecido más de 3,000 años oculta en el Valle de las Reinas hasta que fue descubierta a principios del siglo XX.
Se cree que es la madre del joven faraón Tutankamon, cuya tumba fue descubierta hace cien años, cubierta de oro.
Los egipcios reclaman este busto para incorporarlo al nuevo y fabuloso Museo Egipcio de El Cairo, pero los alemanes del Museo Neus se hacen los suecos.
Y finalmente, los Mármoles del Partenón de Atenas que el gobierno griego reclama devolver al Museo Británico de una manera muy enérgica, desde hace más de 200 años

El Museo Británico tiene una de las mayores colecciones de arte de la antigua Grecia. Y destaca los Mármoles de Elgin e incluyen figuras del Partenón de Atenas, de 447 a 432 antes de Cristo. Fueron retiradas por el diplomático inglés Lord Elgin, quien las vendió luego al Museo Británico en 1816.
Entre otras disputas sobre tesoros, hay que mencionar cómo el gobierno colombiano reclama al español la devolución de las 122 piezas de oro de los Quimbaya, de la era precolombina. España alega que es un obsequio del ex presidente colombiano Carlos Holguín a la reina Cristina de 1893, en los tiempos de la colonización española.
Actualmente se exhibe en el Museo América de Madrid.

El Museo Metropolitano de Nueva York tiene las mejores colecciones de los tesoros de las civilizaciones mayas (de Honduras, Guatemala, Belice y Yucatán y aztecas-mexicas (de México), incluido un penacho del líder azteca Moctezuma.
Quiero mencionar que mi abuelo materno, el antropólogo y arqueólogo ruso-judío Alber Marrder Salomonsky estuvo excavando en las ruinas maya de Copán (Honduras) durante casi 20 años en los cuarenta y cincuenta del siglo pasado Y en el jardín (yarda) de su casa del barrio Guamalito de San Pedro Sula, había siempre, esparcidas enormes piedras mayas con cara humana, pero sin nariz. Me imagino que ahora estará prohibido sacar esas piezas del recinto maya.
Y como una prueba, esta foto vieja y ya mala calidad de mi abuelo ruso-judío sentado en el borde de una estela maya en las ruinas de Copan, patrimonio de Honduras.






