Tegucigalpa (Proceso Digital / Por Alejandro García) – En el vértice más transitado de Comayagüela, donde el ruido de los buses se mezcla con el pulso cotidiano de la ciudad, el Parque El Soldado intenta recuperar un brillo que alguna vez fue suyo. No es un parque cualquiera: es un museo de artillería al aire libre, un espacio que guarda silenciosamente parte de la historia militar de Honduras y que hoy busca reconectar con las familias que lo hicieron suyo en la segunda mitad del siglo pasado.

Un museo a cielo abierto

Inaugurado el 3 de octubre de 1969, Día del Soldado Hondureño, el parque nació frente al cuartel del Estado Mayor Conjunto como un homenaje a los compatriotas que participaron en la denominada “Guerra de las 100 horas” contra El Salvador. Desde entonces, sus senderos han estado custodiados por piezas de artillería que sobrevivieron a conflictos y décadas.

Allí pueden apreciarse un Pack Howitzer estadounidense de 75 mm, diseñado en 1920 y adquirido por Honduras en 1971; un cañón automático británico Hispano Suiza MK 5, de 20 mm, utilizado durante la Segunda Guerra Mundial y un fusil sin retroceso de 75 mm, empleado por el Primer Batallón de Infantería en la guerra de 1969.

También en el espacio se muestra un obús de campaña español, con alcance de más de 10 kilómetros, que apoyó operaciones en la frontera durante el período postguerra.

Estas piezas, hoy inmóviles, fueron en su momento herramientas de defensa nacional. En el parque, sin embargo, adquieren otro significado: se convierten en objetos de memoria, en testigos de un país que ha atravesado tensiones, conflictos y reconstrucciones.

El esplendor

Quienes vivieron la capital en los años 80 recuerdan el parque como un punto de encuentro familiar. Las páginas dedicadas a la nostalgia capitalina evocan imágenes de niños corriendo entre los cañones, vendedores ofreciendo golosinas y parejas conversando bajo los árboles. Era un parque vivo, integrado al tejido social de Comayagüela.

Un cierre obligado y una reapertura esperada

La inseguridad en la zona y la desatención obligaron a cerrar el parque durante varios años. Su vecino, el Obelisco del Centenario, también sufrió el abandono. Pero, tras un proceso de limpieza, reparación y recuperación histórica, El Soldado volvió a abrir sus puertas.

Hoy funciona de 6:00 a.m. a 6:00 p.m., con vigilancia, áreas verdes renovadas, juegos infantiles, un pequeño escenario para actividades culturales y una estantería de libros que invita a leer bajo la sombra. La reapertura busca devolverle al parque su vocación comunitaria y permitir que nuevas generaciones lo redescubran.

La vida que regresa

A las 3:00 de la tarde, cuando los estudiantes de Comayagüela salen de clases, el parque se llena de voces jóvenes. Los fines de semana, las familias aprovechan el espacio para descansar, caminar y observar las piezas de artillería que, aunque silenciosas, siguen contando historias.

Entre los elementos más curiosos del parque está el busto de José de San Martín, uno de los Libertadores de América. Su presencia responde al deseo de Honduras de rendir homenaje a una figura clave de la independencia continental, integrando así un símbolo latinoamericano en un espacio de memoria nacional.

Un entorno cargado de historia

Frente al parque se levanta el Obelisco del Centenario, inaugurado el 15 de septiembre de 1921 para conmemorar los cien años de la independencia centroamericana. Representa a las cinco repúblicas de la región y se ubica en lo que antiguamente fue el Paseo Guacerique, un corredor histórico de la capital.

La coexistencia del Obelisco y El Soldado crea un pequeño distrito de memoria: un punto donde la historia militar, la identidad centroamericana y la vida urbana se entrelazan.

Un parque que cuenta quiénes fuimos

El Parque El Soldado permite abordar múltiples ángulos sociales del país: la memoria militar y las piezas bélicas que narran conflictos del siglo XX; el patrimonio urbano y la evolución de la zona de El Obelisco.

Además de su incidencia en el ceremonial estatal, especialmente durante el Día del Soldado y de otro lado, la identidad continental, marcada por la presencia de San Martín.

Igualmente es rescatable como ocurrió la recuperación y transformación social, de espacio militarizado a parque comunitario.

Hoy, este parque no solo exhibe armas en desuso: exhibe historias. Y en cada visita, en cada niño que corre entre los cañones, en cada familia que se sienta a leer, se renueva la posibilidad de que El Soldado vuelva a ser lo que fue: un espacio vivo, un punto de encuentro, un museo al aire libre que pertenece a todos. (PD/ag)