Periodismo para que los migrantes dejen de ser «marcianos de otro mundo»

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Bogotá – Miles de personas latinas, africanas y asiáticas llevan años recorriendo Latinoamérica de sur a norte, clandestinamente y en busca de una vida mejor, en un éxodo de “marcianos” que un grupo de periodistas ha documentado en el proyecto “Migrantes de otro mundo”.

“Hay una tendencia a mirar a los migrantes como si fueran marcianos, como si fueran de otro mundo”, asegura, en una entrevista con Efe, la periodista colombiana María Teresa Ronderos, coordinadora de este proyecto que ahora se ha transformado en un libro con el mismo nombre, que reúne una veintena de crónicas escritas por 21 periodistas desde 14 países.

Ahí cuentan la historia de Angelina, por ejemplo, una congoleña que narra su historia desde Montreal (Canadá), donde ha solicitado asilo tras escapar de la muerte en su país natal, la República Democrática del Congo (RDC), y en otros países durante su travesía.

Angélica vio como mataban a su marido y a una de sus hijas en la RDC, y eso la motivó a marcharse con tres hijos. Angola, Ecuador, Colombia… y el Darién, la selva que separa Colombia y Panamá, a la que entró con tres hijos y salió con dos.

“El jodido Darién. La selva que traga seres humanos”, escribe el periodista español Alberto Pradilla, que cuenta el periplo de Angélica.

La historia completa

Empezó como un proyecto audiovisual del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), que se ha publicado en medios de todo el mundo como Semana (Colombia), Animal Político (México), Efecto Cocuyo (Venezuela) o Bellingcat (Reino Unido), pero que ahora han transformado en un libro, “Migrantes de otro mundo” (Aguilar), que “mejora la historia en muchos sentidos”.

La historia, la de la migración en Latinoamérica, no es nueva ni desconocida. “Se ha contado”, reconoce Ronderos, pero desde un punto del catastrofismo, cuando hay un accidente, un naufragio o una tragedia.

O de “pasos intrépidos tipo Indiana Jones donde casi es más importante la dificultad, el riesgo y la adrenalina, pero no los seres humanos y vidas reales”.

“Entonces nosotros al juntar todas las piezas, todos los relatos de cada país, aparece el cuadro completo”, explica la periodista: “Es como si tú hubieras visto pedazos de rompecabezas, pero nunca nadie te lo había armado”.

Recuperan historias que van desde los barcos que llegan a Sao Paulo de Cabo Verde y las redes criminales que se extienden desde allí a Estados Unidos a describir la comunidad senegalesa en Argentina; que explican cómo ha afectado el cambio de políticas migratorias en Ecuador o la presión que el expresidente Donald Trump impuso en México y que abocó a decenas de miles de migrantes a verse sin futuro en albergues.

También se trasladan a países de origen como India o Camerún para contar qué pasa con los que deportan o con los que mueren, y a los de destino como Canadá y Estados Unidos, porque el camino de la migración nunca acaba allí. Aún quedan altas deudas que pagar y almas que sanar.

“Desestereotipar” al migrante

En las páginas del libro se describe “una humanidad doliente que busca vivir con dignidad” y a la que se trata con desprecio, mucha xenofobia y se explota y extorsiona porque están sumidos en la clandestinidad y “siempre al vaivén de presiones migratorias”.

Sin embargo, los relatos muestran otra cara de la migración: jóvenes activistas perseguidos en sus países, maestros cameruneses que tuvieron que huir, ingenieros indios que volverán a intentarlo aunque fueron deportados… pagando hasta 44,000 dólares por llegar desde Asia o 4,000 solo por atravesar México.

“La gente que nosotros entrevistamos eran propietarios de su pequeña finca o almacén, profesionales o técnicos que ya tenían un grado o periodistas o activistas sociales que habían echado de su país”, explica Ronderos.

“No son unas familias pobrísimas como uno se imagina -continúa-, son familias de clase media, que lo que pasó es que los agarró la guerra”.

Y en ese camino, mucha gente los discrimina porque “los ve como pobre, apestados”. “Los líderes políticos son los primeros que los discriminan, los tratan solo como víctimas, no como sujetos activos que son capaces de aportar a una sociedad”, apunta la periodista colombiana.

Este macropuzle de la migración en Latinoamérica ha conseguido el premio Festisov en la categoría de “Derechos Civiles”, lo que les ha reportado 130,000 francos suizos (más de 140,000 dólares); una parte ya la han donado a organizaciones que atienden a migrantes, y otra la van a emplear “para hacer mucho más periodismo”.