“Quédate con nosotros Señor en medio de esta pandemia”, clama Iglesia en homilía

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Tegucigalpa – El cardenal de Honduras, Óscar Andrés Rodríguez, celebró la Eucaristía correspondiente a este domingo y durante la homilía exhortó al Señor Jesús a quedarse en Honduras durante esta pandemia y crisis que se suscita a causa del COVID-19.

“Quédate con nosotros Señor en medio de esta pandemia, en medio de las situaciones difíciles que estamos pasando”, exclamó el líder de la Iglesia Católica en Honduras.

Seguidamente pidió que, al igual que con los discípulos de Emaús, Jesús se quede en cada casa, en cada familia de Honduras.

De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) un total de 2.72 millones se han contagiado de COVID-19 en el mundo y 187 mil 847 han muerto causa del virus.

En ese sentido, Honduras permanece en Alerta Roja en los 18 departamentos y en un toque de queda absoluto decretado hasta este domingo a las 3:00 de la tarde.

Los contagios en Honduras subieron el sábado a 627 desde que se detectaron los dos primeros casos hace un mes y medio. Las muertes por Coronavirus en el país centroamericanos se cifran en 59.

Ante este escenario, el jerarca de la Iglesia Católica clamó por la presencia de Jesús en los hogares hondureños.

“Quédate con nosotros Señor”, reiteró al tiempo que recordó que Jesús resucitó al tercer día y la Iglesia Católica los celebra cada domingo en cada Eucaristía.

“Quédate con nosotros, los tiempos son muy difíciles, no vemos claro el futuro”, caviló el Cardenal Rodríguez.

Finalmente oró por los más vulnerables en la sociedad, los pobres y los excluidos.

“Quédate en Honduras que es tu casa, quédate en cada familia, quédate Señor con aquellos que en nuestra sociedad son más vulnerables, los pobres y excluidos de nuestra sociedad”, zanjó.

A continuación Proceso Digital reproduce la lectura del día tomada del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».Él les dijo:«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió.
Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo.
Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos.
Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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