
Tegucigalpa – El trauma de una posible separación y la esperanza de una vía legal hacia la permanencia, es la dualidad de más de 53 mil hijos de tepesianos hondureños que son legalmente ciudadanos estadounidense y por ende pueden solicitar a sus padres quienes quedaron desprotegidos tras la cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) desde el pasado 8 de septiembre de 2025.
Desde esa fecha el TPS para Honduras dejó de estar vigente en Estados Unidos. La designación, que data de 1999 tras el huracán Mitch, fue terminada por el Departamento de Seguridad Nacional tras determinar que las condiciones que la motivaron ya no existían.
Aunque hubo litigios que temporalmente restablecieron la protección, decisiones posteriores de tribunales de apelaciones y un fallo de la Corte Suprema en junio de 2026 —que limitó la revisión judicial de las terminaciones del TPS- consolidaron la cancelación.
Hoy, más de 55 mil hondureños que vivieron legalmente y trabajaron durante más de dos décadas se encuentran sin protección migratoria ni autorización de empleo automática.
Según estimaciones de estudios independientes en los hogares de los tepesianos hondureños viven al menos 53 mil 500 personas nacidas en Estados Unidos: son ciudadanos estadounidenses.
Estos menores y jóvenes -muchos de ellos adolescentes o adultos jóvenes- personifican la dualidad que marca a estas familias mixtas: el trauma de una posible separación y la esperanza de una vía legal hacia la permanencia.

El peso del trauma
La cancelación del TPS ha generado un clima de incertidumbre profunda.
Elsy Reyes, coordinadora de la Defensoría de Movilidad Humana del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), dijo a Proceso Digital que existe mucha incertidumbre en los hijos de los tepesianos, por lo que, estos jóvenes estadounidenses presentan muchas afectaciones psicológicas.
La tensión proviene del temor de ser separados de sus padres, acentuó la coordinadora de la Defensoría de Movilidad Humana del Conadeh.
Para muchos de estos niños y jóvenes, Estados Unidos es el único hogar que conocen y las amenazas de deportación junto a sus padres para no romper esos vínculos familiares provocan muchos traumas en estos jóvenes, reflexionó.
Pero estos hijos de tepesianos también representan una esperanza ya que una gran mayoría ya cumplió o está por cumplir la mayoría de edad y con ello pueden solicitar un ajuste a la condición migratoria de sus padres, agregó la experta.
Hablamos de jóvenes que nacieron en ese país y tienen pleno goce de sus derechos y en un futuro pueden hacer una petición para que sus padres adquieran una residencia en ese país, dijo la letrada.

Retorno de tepesianos ya inició
El presidente de la Fundación 15 de Septiembre, Juan Flores dijo a Proceso Digital que el retorno de tepesianos a Honduras ya inició.
En ese sentido, detalló que la Fundación registra al menos el retorno de 15 familias tepesianas a Honduras. La mayoría de estas familias regresó al país con dos hijos nacidos en Estado Unidos, dijo.
Coincidió que existe una condición traumática por la amenaza constante de deportación.
También existen casos de retorno de tepesianos en solitario quienes dejan a sus hijos en tutela del otro padre o algún familiar o amigo, Lo anterior para asegurar la continuidad de estudios de muchos adolescentes, explicó Flores.

Esperanza
Paradójicamente, estos mismos hijos ciudadanos estadounidenses se han convertido en una de las principales vías de esperanza para la regularización de sus padres.
Bajo la ley de inmigración estadounidense, un ciudadano de Estados Unidos de 21 años o más puede presentar una petición familiar (Formulario I-130) para sus padres como “parientes inmediatos”.
Esta categoría no está sujeta a límites numéricos anuales, por lo que, una vez aprobada la petición y cumplidos los requisitos de admisibilidad, los padres pueden solicitar el ajuste de estatus a residente permanente legal (green card) si se encuentran en el país, o procesar la visa consular en el extranjero.
Muchos de los hijos de tepesianos hondureños ya han alcanzado o están próximos a alcanzar esa edad. Dado que el TPS se otorgó desde finales de los años 90, una porción significativa de estos jóvenes nació a principios de los 2000 o antes.

Anticipar respuestas
De su parte, la coordinadora del Proyecto Binacional de Migración entre Honduras y Guatemala de la Coordinación de Instituciones Privadas por las Niñas, Niños, Adolescentes, Jóvenes y sus Derechos (Coiproden), María José Salgado, dijo a Proceso Digital que es necesario que tanto los gobiernos de Estados Unidos como de Honduras anticipen respuestas para los tepesianos y sus familias.
“Es necesario anticipar respuestas entre Honduras y Estados Unidos que prioricen la unidad familiar y la protección integral”, expresó.
Se debe evitar en todo momento que las decisiones migratorias exponen a la niñez a nuevas vulneraciones, enfatizó.
Razonó que la cancelación del TPS también afecta directamente a las familias de los beneficiarios.
Separación familiar, interrupción educativa y afectaciones emocionales son algunas de las realidades que afrontan los hijos de los tepesianos en Estados Unidos, zanjó.
La cancelación del TPS no solo afecta a los adultos que llegaron hace décadas. Impacta directamente a una generación de ciudadanos estadounidenses que crecieron bajo la sombra de un estatus temporal de sus padres.
El trauma es real: miedo, inestabilidad económica y el riesgo de ruptura familiar.
La esperanza también lo es: estos mismos hijos, al cumplir la mayoría de edad, pueden abrir la puerta a una solución migratoria permanente.
En esa dualidad se juega el futuro de miles de familias.







