«Vivo en un estado de poesía», dice el escritor mexicano Homero Aridjis

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México.- El escritor mexicano Homero Aridjis, autor de la novela «Los peones son el alma del juego», cree que a los 80 años la clave de su felicidad consiste en el acto sencillo de mantener una relación íntima con la poesía.

«Mi ejercicio es tratar de ser fiel a mí mismo, vivir en paz y seguir leyendo poesía. Vivo en un estado de poesía», confesó este domingo en entrevista a Efe el ganador del premio Xavier Villaurrutia de 1965, después de lo cual se consagró como una de las plumas más reconocidas de México.

La nueva novela de Aridjis es una autoficción que recrea las vivencias del intelectual con varios de los principales artistas de América Latina a mediados del siglo pasado. Novelistas, poetas, pintores y cineastas ya fallecidos recobraron vida en la obra editada por Penguin Ramdom House.

«Quise hacer algo vivo, que los personajes fueran de carne y hueso. Había gente como García Márquez, Luis Buñuel, Octavio Paz, pero quería que no fueran monumentos, sino personas como los conocí», explica.

Aridjis es un buen jugador de ajedrez, que domina la Apertura Española y la Defensa Philidor y jugó simultáneas con el excampeón mundial Tigran Petrosian y con Paul Keres, uno de los jugadores más creativos de la historia.

Eso le dio autoridad para contar la historia a partir del ajedrez. El autor reflexiona sobre el juego y su parecido con la vida y relata sus numerosas partidas con el narrador Juan José Arreola, de quien fue amigo a partir de numerosas partidas en las que siempre venció.

«De revanchas en revanchas nos hicimos amigos. En su casa no había muebles, había mesas de ajedrez con las piezas colocadas. Tampoco había cortinas en las ventanas. Era como un club de ajedrez», recuerda.

Homero cree que la prosa debe ser poética, por eso en su novela de más de 400 páginas usa giros líricos, mientras cuenta detalles poco conocidos de la vida de reconocidos escritores.

El título «Los peones son el alma del juego» partió de una idea del francés  Francoise André Philidor, el jugador más fuerte del siglo XVIII. Aridjis recreó la idea y la adaptó a su historia

«No solamente los reyes, los caballeros y las reinas son los poderosos, también la gente menuda que va al café. Son el ecosistema de la sociedad. La sal de la vida está en la gente menuda», comentó al referirse a los peones, la única pieza con capacidad de crecimiento, de convertirse en dama, torre, caballo o alfil.

La novela desvela las infidelidades de la escritora Elena Garro con el poeta Octavio Paz, el carácter nervioso de Juan Rulfo, las penurias económicas de Arreola y la autenticidad de Gabriel García Márquez, a quien Homero Arodjis conoció el 7 de julio de 1962, día después de la muerte del premio nobel William Faulkner.

«Me encuentro con un colombiano que yo no conocía. Llegué con el periódico Últimas Noticias que traía la noticia la muerte de Faulkner. Cuando el colombiano me ve con el diario, me dice, qué vainas, murió mi maestro. Era García Márquez», recuerda.

Todas esas historias y otras de la cantante Chavela Vargas, la pintora Nahuí Olin y la poeta Guadalupe Amor forman el libro en el que el autor rememora la muerte de Frida Khalo, el terremoto de México en 1957 y sus vivencias, que le ocurren a su álter ego, un personaje llamado Alex.

Solidario con la idea del guatemalteco Luis Cardoza de Aragón, quien afirmaba que la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre, Homero Aridjis cierra su novela con una prosa poética que narra la relación con su esposa, quien en la novela se llama Diana y en la vida real lo acompaña desde agosto de 1963.

Los amantes hacen un viaje a Contepec, en el estado de Michoacán, donde nació el escritor, pretexto que le sirve a Aridjis, un reconocido ecologista, para hacer poesía al contar la belleza de la mariposa Monarca.

«Como poeta y ecologista tenía que terminar el libro con un símbolo de la ecología que era la Monarca, una mariposa migratoria, milagrosa, hermosa, fugitiva. Algo como la vida misma. También tenía la experiencia de mi pueblo. La mariposa es como un retorno a mi pueblo, un retorno simbólico», asegura.