Niños indigentes se desbordan en pandemia

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Tegucigalpa – Ejércitos de niños hondureños conmemoran su día este 10 de septiembre entre la mendicidad y el trabajo que durante la pandemia provocada por el COVID-19 pone acento en las condiciones de pobreza y que obligó a cambiar en muchos casos, las aulas por las calles.

Así en las avenidas y calles de la ciudad en su centro histórico, también los mercados y barrios populosos se nutren de niñas y niños, muchos de ellos en brazos de sus madres, hermanas y hasta alquilados, como si fueran un estandarte o una visa para licenciar la mendicidad.

Así las calles han sustituido las escuelas y es allí donde trabajan. Algunos se las ingenian con el afán de ganar unos lempiras, mientras otros simplemente se dedican a apelar la caridad de los transeúntes.

Más allá de los datos, de las cifras, basta con observar lo que ocurre en las calles de la capital hondureña.

Proceso Digital recorrió las calles del Distrito Central para constatar el ejército creciente de niños que deambulan, como perdidos en la urbe, sin rumbo fijo.

Decenas de pequeños aprovechan las conglomeraciones y sin respetar el distanciamiento, ni usar mascarilla o con alguna maltrecha y reutilizada, ofrecen cualquier producto o simplemente levantan un cartel en el que apelan a la generosidad de la población.

En los obligados altos de los semáforos, los pequeños aprovechan el cambio de luces para hacer el esfuerzo de limpiar los cristales de los automóviles o para hacer alguna pirueta, un malabarismo y hasta exhalar llamadas tras el trago amargo del combustible mientras destruyen sus órganos. También hay niños que únicamente piden dinero, en muchos de esos rostros la tristeza y los efectos de las drogas baratas ya son notables.

En los cinco meses de pandemia, los menores que piden en las calles, visiblemente, se han multiplicado con creces, como puede observarse en este reportaje gráfico.  Sin duda, las escuelas no tendrán retorno para una generación mutilada en su educación a la que le ganó la indigencia, la migración forzada y hasta la trata, realidades visibles y a flor de piel.

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