Omar, un periodista con discapacidad, que su pasión la muestra en libros

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Tegucigalpa – Desde adolescente perdió la mitad de sus brazos, pero eso no lo detuvo en la vida, llevándolo a culminar la fascinante carrera de Periodismo en la universidad, pero su pasión estaba reservada para otra actividad: la venta de libros.

– Se considera un conocedor de los lectores y sus obras como Ramón Amaya Amador y Paulo Coelho.

Tiene su puesto de venta en una de las zonas más transitadas y ruidosas de Tegucigalpa, una calle del centro histórico de la capital de Honduras.

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Proceso Digital conversó con Omar Flores Matute, quien es una persona con discapacidad, que se dedica a vender libros en una calle frente al Correo Nacional, cercano a la Secretaría de Salud y del Instituto Tecnológico y Administración de Empresas (Intae).

Todos los días, sale de su casa a las 9:00 de la mañana hacia mercados, librerías o sus distribuidores en búsqueda de libros y comprarlos para ofrecerlo a los transeúntes del centro capitalino.

A las 11:00 de la mañana llega a su puesto a colocar su tarima con capacidad de 280 libros con la esperanza que un ciudadano se interese en comprarlo hasta las 6:00 de la noche, hora que finaliza su jornada.

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Omar admitió que hay veces que no soporta los fuertes rayos del sol que ha tenido que cambiar de lugar para seguir ofreciéndolos a las personas.

Sin embargo, su pasión, dedicación y conocimiento de libros y autores es un guía para personas que buscan de una buena lectura o una herramienta para un trabajo escolar.

A pesar de su limitación en los brazos, puede agarrar libros y mostrárselos a los clientes, así como trasladarlos a una bodega que posee dentro del Correo Nacional.

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Reconoció que no ha podido ejercer el periodismo, señalando que el pago por esa profesión es insuficiente para subsistir, así como los difíciles accesos a personas con necesidades especiales.

Sin embargo, afirmó que a pesar de tener desventaja, ha podido fortalecerse para seguir adelante y llevar con ello alimentos a sus cuatro hijos.

“He mostrado mi capacidad no solo vendiendo libros, sino que en la sociedad en la que mucha gente me conoce, me ve que soy más útil que cualquier persona que tenga ambos brazos”, aseveró.

Perdida de sus manos

Contó que cuando era adolescente, quiso ayudar a sus padres en la construcción de una casa de tres pisos en la colonia Pedregal en la capital hondureña.

Siguió que se quedó pegado a un cable recibiendo fuertes descargas eléctricas llevándolo gravemente al Hospital Escuela donde estuvo hospitalizado durante una semana, donde le amputaron ambas manos.

El vendedor de libros indicó que desde ese acontecimiento se mostró agradecido con Dios de estar con vida, superar el accidente y seguir adelante con su vida, aunque dijo que fue difícil la adaptación.

“Es una etapa diferente porque es difícil adaptarse, pero gracias a la fortaleza he sabido ganarme a la gente y me anima de seguir adelante”, comentó.

Declaró que muchas personas están iguales o peor que él al no tener oportunidades de estudiar, no tener trabajo, estar solos en su casa.

Muchas gentes están peor que mi, no tienen oportunidades de estudiar, nadie los apoya, no tienen trabajo “la soledad los arrastra y es difícil que alguien les atienda la mano a personas como nosotros”.

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Señaló que cuando era vendedor de periódicos se instaló en el Correo Nacional, una señora le ayudó con llevarle los periódicos desde la iglesia El Calvario hacia su punto.

Sin embargo, lamentó que tenía obstáculos, accidentes e incidentes para manejar el punto “no podía accionar los brazos, no podía hacer cosas porque no estaba acostumbrado hasta que fui aprendiendo en la calle y así me hice un maestro en esto”.

Relató que en el momento que caían las lluvias, se le mojaban los libros debido que no podía sujetarlos bien y le costaba ponerle bolsa plástica o guardarlos en las cajas.

Venta de libros y carrera de Periodismo

Recordó que inició como vendedor de periódicos a finales de la década de los 90 logrando afiliarse a la Asociación de Canallitas de Honduras.

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Después del accidente que le amputaron sus brazos, Omar finalizó sus estudios en el colegio y en 2009 decidió ingresar a la Carrera de Periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en la que en 2014 logró sacar su título.

“Saque 45 clases que se me hicieron muy fáciles porque no son difíciles, lo difícil es ejercerlo, ambientarse, moldearse y acomodarse a un sistema que no es de nosotros”, argumentando su motivo para no laborar como periodista.

Añadió que ocupa un salario que lo ayude a sacar a su familia, brindar educación a sus hijos “prefiero aquí (vender libros) porque ayudo, entiendo y comparto con la gente, en vez de estar encerrado dándole mi pulmón a otra persona porque el periodismo es mal pagado”.

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En el momento que sacaba su licenciatura en Periodismo, no descuidó su negocio en el centro de Tegucigalpa.

En 2009, decidió vender libros siguiendo con la venta de revistas y dejando de distribuir periódicos, explicando que los diarios no estaban siendo rentables.

Omar Matute Flores coloca su tarima con capacidad hasta de 280 libros de diferentes géneros y autores hondureños como Ramón Amaya Amador a extranjeros como Paulo Coelho.

“No soy un gran experto de libros, pero de tanto leer he ido conociendo cuales son los mejores escritores, libros con mayor demanda, hay personas que me piden un libro y ya sé a qué autor pertenece y a veces les recomiendo otro libro que ha escrito”, manifestó.

Asimismo, Omar posee una bodega dentro del Correo Nacional donde tiene una colección de al menos tres mil libros en la que muestra a los clientes los libros que no se encuentran en su tarima pero que puede encontrarlo en su “biblioteca”.

Narró que la bodega pertenecía a los guardias del Correo Nacional, pero estos consiguieron un cubículo y el cuarto fue donado por el gerente que le dijo: úsalo y trabaja muy bien.

“Si no es suficiente para el cliente los llevo a la bodega para buscar el libro de su preferencia donde hay al menos tres mil libros de toda variedad, siendo un gran patrimonio”, resaltó.

Por otro lado, aclaró que cuando un padre o adulto busca un libro para un niño le pregunta por su edad arguyendo que no le gusta vender texto con contenido sexual a un menor.

Sobre la aparición del internet, reconoció que han bajado las ventas en las librerías de calle pero que hay gente que prefiere leerlo en físico por la ventaja de transportarlo a otro lugar.

En cuanto a las librerías, definió que el 40% de las ventas las tiene los vendedores en las calles y el resto las librerías.

Concluyó mandando un mensaje a los profesores que inculquen el hábito de la lectura en los niños.

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